Domingo del Buen Pastor. Una conversión pastoral

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    Cómo le gusta a nuestro Papa Francisco jugar con tres palabras en sus intervenciones, que nos ofrece como guía pedagógica para retener lo importante para vivir la nueva vida en Cristo. Con el legítimo interés por conocerle mejor y nuestro afán de saber quién es el Papa, lo último que nos llegó de su vida de pastor como Arzobispo de Buenos Aires fue su Mensaje: «Semana Santa 2013: Pascua es Cristo Vivo».

Si lo traigo aquí, a vuestra consideración, es porque nos puede abrir el pensamiento y el corazón a la nueva vida en Cristo que se nos da en este tiempo de Pascua y que incluye por la fuerza vital de la Resurrección la tarea apostólica que estamos llamados a realizar todos los católicos. Decía así el 25 de febrero: «Salir, compartir y anunciar, sin lugar a dudas, exigen una ascesis de renuncia que es parte de la conversión pastoral. El miedo o el cansancio nos pueden jugar una mala pasada llevándonos a que nos quedemos con lo ya conocido que no ofrece dificultades, nos da una escenografía parcial de la realidad y nos deja tranquilos. Otras veces podemos caer en el encierro perfeccionista que nos aísla de los otros con excusas tales como: “Tengo mucho trabajo”, “no tengo gente”, “si hacemos esto o aquello ¿quién hace las cosas de la parroquia?”, etc.».

En el Domingo del Buen Pastor será bueno hablar de conversión pastoral, de la nueva manera de vivir como comunidad eclesial que somos y de la que formamos parte. El tiempo de Pascua, el Paso del Señor por la historia que es el 2013, nos invita a salir, compartir y anunciar. ¡Qué bellamente dice el entonces Cardenal de Buenos Aires lo que es salir del Cenáculo, abrir las puertas y anunciar a todos que «el que vosotros matasteis ha resucitado»”. Los Apóstoles vencieron el miedo que les había atenazado y salieron a la calle, compartieron con todos su experiencia de cruz y resurrección y anunciaron la presencia de Jesucristo.

Por Cristo, con Él y en Él –nos unimos así a la ofrenda de Cristo al Padre– somos la Iglesia del  a Dios, que no se considera más que nadie, pero que se sabe llamada a convertir su vida de egoísta pecadora en entrega a los demás, ahora, de una vida salvada por Cristo. Participar del que, a modo del Buen Pastor, da la vida por defender a las ovejas y muere en el intento, es sentir muy de cerca los mordiscos, las heridas que arrastran nuestros vecinos, nuestros próximos, los más próximos en nuestras mismas familias, sin acostumbrarnos a ver vidas destrozadas como si fuera normal lo que les ocurre.A modo de ejemplo. Hoy celebramos la Jornada de Oración por las Vocaciones y lo podemos hacer desde el lamento porque no hay jóvenes que consagran su vida a Cristo como sucedía antes y acudimos a la desesperada a Dios para que no haya que cerrar monasterios y conventos, o podemos rezar a Dios desde la experiencia de que lo mejor que nos ha pasado es conocer a Jesucristo y su Pasión por todos, y que necesitamos ser transformados en nuestros modos y maneras de vivir, de tal forma que los que nos traten sientan apetecible consagrar su vida a Dios, totalmente y para siempre. Y es que, en el fondo, nuestra falta de vocaciones tiene su causa  primera en la poca estima de nuestra vida de fe, cuando no, lo que dijo el actual Papa siendo Arzobispo de Buenos Aires: «El miedo o el cansancio nos pueden jugar una mala pasada».Salir, compartir y anunciar lo que somos y tenemos por la misericordia de nuestro Dios, será la mejor manera de fortalecer la vida de nuestras personas y de nuestras comunidades eclesiales y la mejor tarea pastoral que podamos programar. 

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.