Las vocaciones, signo de la esperanza fundada sobre la Fe

Mons. Julián López   Queridos diocesanos: 

El 21 de abril, domingo IV de Pascua o del Buen Pastor celebra a Jesucristo resucitado bajo esta figura bíblica, tan entrañable en la Iglesia desde los primeros tiempos. Todo nos habla del Pastor que se ha hecho Cordero para dar la vida por todo el rebaño. Así lo contempla el Apocalipsis, entronizado en la gloria, vivo y radiante pero llevando bien patentes las señales de la pasión. La parábola del Buen Pastor que salió de labios de nuestro Redentor, encuentra todo su sentido en el marco de la Pascua. 

Por estos motivos se instituyó la Jornada mundial de oración por las vocaciones, que este año alcanza la respetable cifra de 50 convocatorias anuales. Se da la circunstancia de que esta cifra coincide con el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II, si bien el establecimiento de la Jornada se debió al siervo de Dios Pablo VI (11-IV-1964). No en vano el Concilio fue muy consciente de la importancia que han tenido siempre las diversas vocaciones dentro de la Iglesia, especialmente las vocaciones al ministerio sacerdotal (cf. PO 3; 11; OT 2; 6) y a la vida consagrada (cf. PC 5; 24-25), pero sin olvidar algunas más específicas como las vocaciones misioneras invitando también a su promoción y cultivo (cf. PC 5; 24-25). 

La Jornada próxima tiene como característica principal la relación con el Año de la Fe, de manera que el Papa que la convocó y dedicó el habitual mensaje, Benedicto XVI, hoy Obispo de Roma emérito, eligió el siguiente tema: Las vocaciones signo de la esperanza fundada sobre la fe. Merece la pena detenerse en la lectura de este mensaje en el que se hace una reflexión sobre las relaciones entre la fe y la esperanza. Ambas virtudes, sobre todo cuando se contemplan en la perspectiva del futuro, que es como decir en la espera del cumplimiento de las promesas del Señor, están tan interrelacionadas que la esperanza equivale a la fe. En este sentido Benedicto XVI evocaba la figura de Abrahán que “apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza…” (Rm 4, 18), y recordaba cómo el fundamento último de esta actitud es el amor de Dios que siempre nos da confianza y que en Cristo Resucitado ofrece la certeza de lo que esperamos. 

La segunda parte del mensaje relaciona las vocaciones con la oración a partir de lo que significa la experiencia del encuentro personal con Jesucristo y del diálogo con Él para acoger la posible llamada de Dios. La oración, debemos convencernos de esto, hace crecer la fe y la certeza de que Dios sigue suscitando vocaciones. No olvidemos este aspecto. Con frecuencia pensamos que la oración por las vocaciones consiste solamente en pedirla en la plegaria. Ciertamente, pero también en crear el clima propicio para escuchar la voz de Cristo y la llamada a seguirle. Quiero decir que un factor ineludible en la pastoral vocacional consiste en el acompañamiento espiritual de los niños, adolescentes y jóvenes, ayudándoles a rezar y reflexionar para seguir las huellas de Jesús, a descubrir los valores más sugestivos del evangelio y a procurar hacerlos vida propia. Por supuesto, con el testimonio personal y con la cercanía espiritual, efusiva y conmovedora que nos  propone el Santo Padre Francisco y que él practica con la mayor naturalidad. 

Estamos ante una sequía vocacional aguda y prolongada. Preguntémonos por las causas que nos atañen a nosotros… y oremos sin cesar:

 + Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
Acerca de Mons. Julián López 166 Articles
Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella