¡Confío en Ti! – Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Mons. Demetrio FernándezMons. Demetrio Fernández    La vocación es una llamada. ¿Quién llama? Es Dios quien llama, haciendo atrayente la llamada a quien es llamado, aunque muchas veces se sienta rechazado. ¿A qué llama? A la santidad de vida, es decir, a identificar la propia vida con la vida de Jesús, a someter la propia voluntad a la voluntad de Dios, a hacer de la propia vida una donación para los demás. A esto estamos llamados todos. Y el bautismo ha consagrado nuestra existencia con una energía, la que viene del Espíritu Santo, capaz de transformarnos de pies a cabeza, capaz de hacernos nuevos a imagen de Cristo muerto y resucitado. 

Hay por tanto un tirón permanente en nuestra vida, el tirón de Dios, que tira de nosotros haciéndonos capaces de Dios y de asemejarnos a Cristo el Señor, nuestro Redentor. Si no se lo impedimos, Dios hará su obra por la acción amorosa del Espíritu Santo, nos llevará a la plenitud, llegaremos a la santidad plena. No habría peor represión en nuestra vida que la de reprimir a Dios en nuestro corazón, no dejarle actuar, darle largas. Una vez que hemos recibido el bautismo, por su propio impulso estamos abocados a la santidad y a colaborar activamente en esta tarea. 

Y en este camino de santidad, propio de todo cristiano, Dios llama con vocación especial a algunos, para identificarlos más plenamente con su Hijo. Son las vocaciones de especial consagración a Dios, tanto en varones como un mujeres. Son las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio ministerial, que sostienen la vida de la Iglesia por parte de quienes hacen de su vida una entrega total, incluso corporal, para seguir a Cristo y hacerle presente en medio de nuestros contemporáneos. 

Tales vocaciones son también necesarias hoy, para la nueva evangelización. Todos los cristianos estamos llamados a esta nueva evangelización, y los consagrados dedican su vida entera a esta tarea, siendo testigos ante el mundo de un amor más grande. Tales vocaciones de vida consagrada tienen en común la consagración a Dios en la virginidad, en la castidad perfecta o en el celibato. Son un signo vivo ante el mundo de Cristo Esposo, que ama a cada persona con amor de totalidad. 

Para vivir esa consagración especial, es necesaria la gracia de Dios, que llama a quien quiere, poniendo en su corazón ese atractivo irresistible a darse del todo y para siempre. Es lo que pedimos en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Que no nos falten en nuestro entorno y en la Iglesia universal personas consagradas, signos vivos de Cristo amante de su Iglesia, signos de esa Iglesia que ama con amor de totalidad a su Esposo y Señor, prolongando ese amor en los hermanos. 

Qué sería de nosotros y de la Iglesia sin esa legión de hombres y mujeres que han entregado su vida al Señor para servirle en los pobres, en la educación de niños y jóvenes, en la atención a los ancianos y enfermos, en la tarea de la evangelización, superando toda dificultad. Necesitamos esas vocaciones, y por eso las pedimos humildemente al Señor, en esta jornada y durante todo el año. 

Nuestra diócesis de Córdoba ha recibido y continúa recibiendo abundantemente el testimonio y la acción benéfica de tantas personas, hombres y mujeres, consagradas a Dios en el servicio a los demás, a tiempo completo y de por vida. Cada una de estas personas ha respondido a esa vocación con una actitud sostenida de confianza en Dios, que llama y sostiene en esa vocación. En este Año de la fe constatamos que la consagración a Dios es un fruto maduro de la fe, que se traduce en caridad. ¡Confío en ti! es la actitud del que ha sido llamado y se ha fiado de Dios. Es también la actitud con la que pedimos a Dios abundantes vocaciones consagradas para afrontar la tarea de la Iglesia en todos los ámbitos. La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones nos haga agradecidos a Dios por tantas vocaciones recibidas y nos haga mendigos ante Dios de estas vocaciones que tanto necesitamos también en nuestro tiempo. 4º domingo de Pascua, domingo del buen Pastor, Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. 

Recibid mi afecto y mi bendición: 

+ Demetrio Fernández González,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
Acerca de Mons. Demetrio Fernández 406 Articles
Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.