Palmaditas en la espalda

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Desde el día en que Benedicto XVI anunció su intención de renunciar a continuar siendo Obispo de Roma, añadimos en la oración de la mañana del Seminario el canto del Veni Creator Spiritus. Al igual que toda la Iglesia extendida por toda la tierra, pusimos nuestros ojos y nuestro corazón en Dios, para que el Espíritu Santo guiara a los Cardenales y nos dieran el Papa que necesita hoy nuestro mundo. Una vez más repetíamos el gesto de los Apóstoles que hoy nos recuerda la primera lectura de la Misa: «Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».

A pocos día de la elección del Papa Francisco, cuando estamos viviendo la experiencia de la Resurrección de Jesucristo, en este tiempo pascual, caemos en la cuenta de nuestro ser deTestigos. El aire fresco que nos ha traído el Papa nos llegaba en sus primeras palabras dirigidas a los Cardenales en la homilía de la misa que celebraron juntos después de la elección: «Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero, si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor».

 

Nuestros contemporáneos dan palmaditas en la espalda a la Iglesia reconociendo y alabando todo lo que hacemos a través de Cáritas en estos momentos tan duros del empobrecimiento masivo y, ciertamente, podemos estar orgullosos de la generosidad que estamos mostrando los católicos españoles, pero no podemos callar el motivo, las fuerzas, la razón que nos empuja: Somos testigos de la Resurrección de Jesucristo.

Efectivamente, porque Jesús ha resucitado, toda la humanidad creyente o no, hemos de saber que estamos llamados a vivir de otra manera de como nos dicen. Eso de ser, sin remedio, ladrones corruptos del bienestar ajeno, eso de desentenderse de las víctimas de la crisis financiera provocada por los poderosos, empujados por sus intereses particulares, eso de echar en los hombros de los más débiles palabras como sacrificio, aguante, confianza, resignación, mientras no hacemos reparto y justicia, eso de crear la mentalidad de luchadores en la población para salir de la crisis, pero diciendo en el fondo: «no seas tonto y ponte en el sitio que puedas coger las migajas de este sistema, que no hay otra salida…».

Nosotros somos testigos de que hay otra manera de ser y por tanto de vivir, porque estamos dispuesto a aceptar y a rezar «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» y porque está con nosotros el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen. Vamos a seguir haciendo todo lo posible para que nadie pase hambre a nuestro alrededor, tenga un techo donde cobijarse y encuentre una mano amiga que le acompañe en momentos iniciales o terminales a causa de la drogadicción. Esperamos que el resto de la sociedad y los gobernantes sepan que, por justicia, hay que prestarles unos servicios sociales básicos pues nos acaba afectando a todos el desprecio o el aprecio que tengamos de la dignidad de las mujeres y los varones de nuestra tierra.

A los católicos se nos ha dado ser testigos de la «Nueva Vida en Cristo» como a toda persona de buena voluntad que, aun sin fe, tiene abierto el corazón a todo lo bueno, bello y verdadero que hay en el ser humano, reflejo e imagen, para nosotros, del Creador. No podemos encerrar esta luz debajo del celemín y menos negar a los demás la levadura que hace crecer la masa amorfa para cambiar las cosas y poder ser rico pan que alimenta a todos los que estamos llamados a compartir la mesa común de los hijos, que este es el proyecto de Dios Padre manifestado en Cristo Jesús.

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciuda Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.