Superar individualismos

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     La evolución de nuestra cultura en los últimos tiempos ha favorecido mucho la progresiva afirmación y autonomía de la persona,  un hecho que hay que considerar muy positivo tanto para los individuos como para la propia sociedad. Sin embargo también encontramos situaciones en las que la persona tiene la pretensión de erigirse en centro exclusivo y excluyente, protagonizando experiencias y actitudes individualistas que no contribuyen a una convivencia constructiva. Es más, pueden distorsionar la relación entre libertad y responsabilidad y esto tiene consecuencias éticas, sobre todo si estas actitudes perjudican o causan sufrimiento al prójimo. Somos responsables no sólo de lo que hacemos sino también de sus consecuencias.

En este sentido, no son de recibo aquellos comportamientos preocupados preferentemente por el propio bien, por el propio bienestar, ignorando conscientemente o despreocupándose del bien y del bienestar de los demás. Y esto tiene consecuencias más dolorosas en situaciones de crisis como la que vivimos, cuando hay tanta gente a nuestro alrededor que lo está pasando muy mal. Los principios y valores de la vida social (responsabilidad, participación, bien común, solidaridad, justicia, paz…) no son aspiraciones idealistas sino que  deben convertirse en experiencia de vida.

Cuando los cristianos hablamos de la capacidad de vivir y de ser-para-los-demás de manera incondicional, como Jesús, no queremos hacer poesía. Sabemos que fijar el beneficio de los demás como sentido único de la propia vida es un planteamiento de vida casi heroico. Puede significar una experiencia de despojo y de disponibilidad poco común. Toda tu persona, todo lo tuyo, al servicio del bien de los demás: tiempo, capacidades, bienes, salud…, sin pasar de largo ante las situaciones.

Recordemos lo que se nos dice en el evangelio: «Un hombre bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó y fue asaltado por unos bandidos. Le quitaron hasta la ropa que llevaba puesta, le golpearon y se fueron dejándolo medio muerto. Casualmente pasó un sacerdote por aquel mismo camino, pero al ver al herido dio un rodeo y siguió adelante. Luego pasó por allí un levita y, al verlo, dio también un rodeo y siguió adelante. Finalmente, un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino le vio y sintió compasión de él. Se le acercó, le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó. Luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él.»(Lc 10, 30-34).

En este sentido, resulta muy luminoso un pensamiento del Papa Benedicto XVI hablando de la necesidad de la caridad como motor de desarrollo en esta sociedad cada vez más globalizada que -según él- «nos ha hecho más cercanos, pero no más hermanos».

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.