Jornada del misionero diocesano – III Domingo de Pascua – “Misioneros: el entusiasmo de comunicar la fe”

Mons. MurguiMons. Jesús Murgui    La celebración de la Pascua es una invitación renovada a que proclamemos con valentía la Buena Nueva de Jesucristo. En este contexto pascual recordamos cada año en nuestra Diócesis a los misioneros diocesanos, es decir, a todos los hombres y mujeres que han nacido en nuestra tierra y que se encuentran anunciando el Evangelio en los cinco continentes. Algunos son sacerdotes diocesanos que trabajan en nuestras Diócesis-hermanas de Chimbote y Carabayllo del Perú o en otras Diócesis a través del Instituto Español de Misiones Extranjeras. Muchos pertenecen a congregaciones religiosas que desarrollan obras de apostolado en países de misión. Otros son fieles laicos que evangelizan con la ayuda de un movimiento apostólico o, simplemente, como misioneros seglares, sustentados por la propia Diócesis. A todos ellos recordamos en esta Jornada, con sentimientos de gratitud a su labor evangelizadora.

El lema para la campaña de este año está en consonancia con el Año
de la fe que estamos celebrando en la Iglesia. En la carta para la
convocación de este Año, nos decía Benedicto XVI que “hoy es necesario
un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva
evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el
entusiasmo de comunicar la fe” (Porta fidei, 7). Estas palabras nos ayudan
a comprender cuáles son las raíces de donde brota la misión universal.

La fe pide ser comunicada

Ante todo, hemos de darnos cuenta de que la fe pide ser comunicada.

El Catecismo de la Iglesia Católica, al reflexionar sobre el carácter eclesial
de la fe, señala: “El creyente ha recibido la fe de otro y debe transmitirla a
otro. !uestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros
de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los
creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por
mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros” (n. 166). Quien tiene fe
sabe que esta fe no se la ha dado a sí mismo, sino que la ha recibido de
otros. Y, junto a la gratitud por este precioso regalo, siente también el
deseo de comunicarlo, poniendo el tesoro recibido en manos de otras
personas.

El deseo de transmitir la fe conecta también con gozo que produce
creer. La experiencia de encuentro con Dios mediante la fe genera una
alegría que inunda nuestra vida y que se comunica, casi espontáneamente, a
los demás. Es el gozo de habernos encontrado con Cristo y de haber
experimentado que su doctrina es verdaderamente “buena noticia”,
Evangelio.

Comunicar la fe es tarea de todos

La celebración del Año de la fe quiere ser una invitación a que todos
los creyentes volvamos a entusiasmarnos con nuestra fe, redescubriendo la
alegría de creer. La primera lectura de este domingo presenta el testimonio
decidido y convincente de los Apóstoles, que, a pesar de las amenazas, no
cesan de hablar “en nombre de Jesús”. Pues bien, cada uno de los
cristianos tiene el deber y el derecho de proclamar, junto con los Apóstoles:
“Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que
le obedecen” (Hch 5, 32). Nadie debe callar el gozo que lleva en el
corazón. La evangelización es tarea de todos los cristianos.

Nuestra responsabilidad en la tarea misionera

Algunos paisanos nuestros han sentido especialmente la llamada a
comunicar con entusiasmo el gozo de creer en lugares a veces muy lejanos.
Estos misioneros diocesanos son signo de la vitalidad de nuestra Iglesia,
que no se contenta con anunciar la fe a los de dentro. Como Iglesia
diocesana tenemos el deber de apoyar su labor, contribuyendo a la tarea
misionera. Somos su “iglesia-madre”, en la que nacieron y desde la que
surgió su vocación misionera.

La Jornada anual del Misionero Diocesano pretende recordarnos
nuestra responsabilidad misionera, dándonos a conocer la tarea de nuestros
misioneros. Y nos da también la oportunidad de ser corresponsables en la
misión uniéndonos en la oración y con nuestra aportación económica, que
gestiona ejemplarmente nuestra “Fundación Misión y Promoción”. De esta
manera ellos podrán seguir comunicando a todos con entusiasmo la fe que
hemos recibido.

+ Jesús Murgui

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
Acerca de Mons. Jesús Murgui Soriano 161 Articles
Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.