La alegría de la Fe – Jesucristo (5)

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez     Volvemos, ya en tiempo pascual, a la senda emprendida de comentar el contenido esencial de nuestra fe en este Año tan especial convocado por el anterior Papa. Han sucedido muchas cosas en la Iglesia desde comienzo de febrero de 2013, que hemos comentado en estas páginas de nuestra Hoja diocesana; ahora podemos ya volver a Jesucristo que “al tercer día resucitó”. Por sí sola la Cruz no podría explicar en nacimiento de la fe cristiana; más aún, sin ella, sería una tragedia. El misterio pascual consiste en el hecho de que ese Crucificado “resucitó al tercer día, según las Escrituras” (1 Cor 15,4). Todo en la fe cristiana gira alrededor de este centro de gravedad. Toda la enseñanza, por ejemplo, de san Pablo parte del misterio de Aquel que el Padre resucitó de la muerte y llega siempre a él.

 Pero san Pablo no inventa la fe cristiana: el anuncio de la resurrección, tal como él la formula, es el mismo que se realizaba en las comunidades cristianas prepaulinas. Aparece claro en 1 Cor 11,1-11, texto que juega con dos verbos, “recibir” y “transmitir” y que lleva al Apóstol a concluir: “Tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos”. Hay una tradición común, en la que se expresa la fe compartida por todas la Iglesias, que son una sola Iglesia. Pero san Pablo, al anunciar la resurrección de Jesús, no quiere escribir una especie de manual de teología, sino que afronta el tema respondiendo a dudas y preguntas concretas que le hacían los fieles. Era un discurso ocasional, pero lleno de fe y de teología vivida.

En él emerge sobre todo el hecho de la Resurrección, sin la cual la vida cristiana sería simplemente absurda. Pero no, en aquella mañana de Pascua sucedió algo extraordinario, algo nuevo y, al mismo tiempo, muy concreto, marcado por señales muy precisas, registradas por numerosos testigos. Por ello, san Pablo, como los cuatro evangelios, otorgan una importancia fundamental al tema de las apariciones, que son condición esencial para la fe en el Resucitado que dejó la tumba vacía. Estos dos hechos son sumamente importantes: la tumba vacía y Jesús que se apareció realmente. Así se constituye la cadena de la Tradición que, a través del testimonio de los Apóstoles y de los primeros discípulos, llegará a las generaciones sucesivas, hasta nosotros.

 Pero podemos preguntarnos: ¿cuál es, para san Pablo, el sentido profundo de la resurrección de Jesucristo? ¿Qué nos dice a nosotros a dos mil años de distancia? ¿Por qué la Resurrección es un tema tan determinante para él y para nosotros hoy? San Pablo sabe bien, y lo dice muchas veces, que Jesús era Hijo de Dios siempre. La novedad de la resurrección consiste en el hecho de que Jesús, también verdadero hombre, es elevado desde la humildad de su existencia terrena y ha sido constituido Hijo de Dios “con poder”. El Jesús humillado hasta la muerte en la cruz puede decir ahora a los Once: “Me ha sido dado poder en el cielo y la tierra” (Mt 28,18). Por eso, con la Resurrección comienza el anuncia del Evangelio de Cristo a todos los pueblos, comienza el reino de Cristo, ese nuevo Reino que no conoce otro poder que el de la verdad y el amor. Todo esto tiene importantes consecuencias para nuestra vida de fe: estamos llamados a participar hasta lo más profundo de nuestro ser en todo el acontecimiento de la muerte y resurrección de Cristo. “Hemos muerto con Él”; creemos que “viviremos con Él” Sabiendo que Cristo resucitado de entre los muertos ya no muere más, la muerte ya no tiene dominio sobre Él” (Rom 6,8-9). Sí, la vida cristiana no es el camino de la comodidad; es una escalada exigente, pero siempre iluminada por la luz de Cristo y por la gran esperanza que nace de Él. Es la esperanza grande suscitada por Cristo crucificado y resucitado.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
Acerca de Mons. Braulio Rodríguez 314 Articles
Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.