Creo en Dios

Mons. Francisco PérezMons. Francisco Pérez     La afirmación más importante y fundamental de nuestra religión es la fe en la existencia de Dios. De esa aseveración nacerán todas las demás como derivadas. Sólo, al afirmar la palabra Dios ya nos introducimos en el ámbito de la trascendencia. Dios es la palabra más misteriosa que podemos pronunciar los humanos. Indica lo supremo. No se puede imaginar algo mayor. Pero si añadimos el verbo creo en Dios, nos situamos en los cimientos de la religión, porque expresamos una relación. La pregunta sobre la existencia de Dios es la más preocupante y muchas veces angustiosa de la humanidad a lo largo de los tiempos. De la respuesta depende la clave fundamental para interpretar la existencia e historia del ser humano. La filosofía, la ciencia, la cultura de los pueblos y la teología intentan dar respuestas. Cada disciplina lo hace desde sus presupuestos. Todas ellas buscan una salida que de sentido a la existencia del mundo y de la vida.

Como dice la carta “Porta Fidei” del Papa Benedicto XVI, nosotros buscamos en este Año de la Fe “introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe” para que en toda la Iglesia se de “una auténtica y sincera profesión de la misma fe” que sea “confirmada de manera individual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca”. Se trata pues, de tomar conciencia de la fe “para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para confesarla”. No buscamos demostraciones o elucubraciones racionales, sino la fe que está en el profundo ser y en el sentir de la persona para rescatarla en toda su belleza.

La sociedad occidental lleva mucho tiempo promoviendo la lenta desaparición de la idea de Dios silenciando todo lo que se refiere a Él. Incluso tiene reparo de pronunciar la palabra Dios. Ante la falta de fe que quiere expulsar a Dios del mundo, los cristianos proponemos a Dios como el primer valor para el hombre en quien está su origen y destino. Necesitamos mantenernos en una relación básica con Él con la permanente oración del salmo: “Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro” (S 26).

Se puede buscar y encontrar a Dios en muchos ámbitos. En cada uno descubrimos quién es y cómo es. La primera página de la Biblia nos habla de la existencia de un solo Dios. Ante todo nuestra religión es monoteísta. Esta afirmación se va defendiendo a lo largo de la historia del pueblo de la Biblia en una lucha constante ante la tentación del ateísmo, el politeísmo y la idolatría circundante. Abrahán es el primero a quien Dios se le revela como el más grande Señor y posteriormente como el único. “Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos” (Gn 15,7). El Dios de Abrahán no es una idea, ni un concepto necesario que pide la razón, tampoco una deducción lógica, sino una persona que tiene una relación personal y amistosa con el hombre.

Más adelante Dios hará la gran manifestación a Moisés en la visión de la zarza ardiente en el monte Horeb. Se comunica con un lenguaje cercano y solemne, humano y divino: “He visto… he bajado… te envío…” les dirás: “Yo soy el que soy”. “Éste será para siempre mi nombre”. Se revela único, vivo, personal, cercano. Soy “el Dios de tus padres”. El monoteísmo queda de manifiesto sobre todo en la revelación del decálogo en el Monte Sinaí. El primer mandamiento contiene la gran afirmación de la existencia de un solo Dios y un aviso preventivo y severo ante la tentación de la idolatría: “Yo soy Yahvé, tu Dios… No tendrás otro Dios más que a mí”. Esta revelación tendrá su redacción clásica en el Deuteronomio 6, 4.15: “Escucha Israel” (el famoso SHEM’Á): “Yahvé es nuestro Dios. Yahvé es único”. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”. Ésta es la imagen de Dios que aceptamos cuando profesamos el credo. En el Año de la Fe tendremos que examinar en qué Dios creemos, profundizar y purificar algunas deformaciones. Si el ateísmo es “el fenómeno más grave de nuestro tiempo” (GS 19) nuestra profesión de fe ha de ser la más valiente, convencida, adulta, existencial y libre.

+ Fracisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 357 Articles
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).