Enseñar, Santificar y Pastorear

Mons Ángel RubioMons. Ángel Rubio      El programa del nuevo Papa siempre será cumplir la misión que Cristo ha dejado a su Iglesia, el mandato de enseñar a todas las gentes por medio de su acción  evangelizadora. Para cumplir este servicio Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de la infalibilidad en materia de fe y de costumbres. Goza de esta infalibilidad el Papa en cuanto Pastor y Maestro Supremo de todos los fieles y el Colegio episcopal cuando ejerce el magisterio supremo principalmente en un Concilio ecuménico. Los fieles deben “adherirse con espíritu de obediencia religiosa”. Enseñar, evangelizar, catequizar, en definitiva, todo el ministerio de la palabra, la Iglesia lo realiza por mandato del Señor.

La palabra revelada, al ser presentada y actualizada “en” y “por medio” de la Iglesia, es un instrumento mediante el cual Cristo actúa en nosotros con su Espíritu. El ministerio de la Palabra es, al mismo tiempo, juicio y gracia. Al escucharla el contacto con Dios mismo interpela los corazones de los hombres y pide una decisión que no se resuelve en un simple conocimiento intelectual sino que exige la conversión del corazón. La nueva evangelización  en la que todos estamos implicados exige a toda la Iglesia, particularmente a sus pastores como maestros de la fe, un ardiente ministerio de la Palabra integral y bien fundada para enseñar con un claro contenido bíblico, teológico, espiritual y moral atento a satisfacer las concretas necesidades de los hombres.

La misión de santificar. Los cristianos en la liturgia de la Iglesia celebramos lo que creemos. Es por tanto acontecimiento de salvación que se verifica en toda celebración. Los sacramentos tienen una importancia trascendental dentro de la liturgia de la Iglesia. Ne ocasiones pueden vaciarse de contenido y convertirse en pura rutina social, pero correctamente vividos constituyen un elemento esencial de la vida cristiana. No se puede hablar despectivamente de «sacramentalización», como si se tratara de un cristiano de segunda, reservado a grupos populares y periféricos de la Iglesia.

Proclamar la fe, creerla en el corazón y celebrarla a través de la Eucaristía, los sacramentos y la oración son los elementos eclesiales que no pueden separarse entre sí. Desde los tiempos de los apóstoles se ha proclamado el Evangelio para que los creyentes pudieran celebrar la Eucaristía con sentido. Cuando Pablo VI en la Evangelli Nuntiandi se refiere a la fuerza evangelizadora de los sacramentos, afirma que, «la finalidad de la evangelización es precisamente educar en la fe de tal manera que conduzca a cada cristiano a vivir y no a recibir de modo pasivo o apático los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe». (n. 47). Evangelización y liturgia son inseparables. La realidad salvadora que la Iglesia proclama con la evangelización es la misma que se celebra en la liturgia. Toda celebración sacramental es esencialmente evangelizadora para la eficacia del sacramento, por la Palabra de Dios que en ella se proclama y por ser expresión de la fe de la Iglesia.

La misión de pastorear o gobernar los obispos la ejercen en comunión con toda la Iglesia bajo la guía del romano Pontífice. El Buen pastor será siempre el modelo y la forma de la misión episcopal y sacerdotal. Esta misión de regir o pastorear no puede entenderse en términos sociológicos como una capacidad meramente organizativa. Esta potestad se desempeña en nombre de Cristo y en último término está regulada por la suprema autoridad de la Iglesia. Pastorear, gobernar o regir exige un ejercicio amoroso de la fortaleza, modelado conforme a la actitud pastoral de Cristo. Tener autoridad en la Iglesia no es dominio; no es nunca dominio oprimente, sino disponibilidad y espíritu de servicio.

Obispos y sacerdotes no debe temer ejercer la propia autoridad con caridad pastoral en aquellos campos en los que están llamados a ejercerla pues para este primer fin han sido constituidos en autoridad. Cuando se ejerce con la debida fortaleza se intenta y se busca, no tanto mandar, cuanto servir, y por tanto, debe cuidarse la tentación de eludir esa responsabilidad. No se puede complacer comportamientos que no sean justos o ejemplares lo que contribuiría a oscurecer o ser infieles a nuestra misión fundamentada en Cristo maestro, sacerdote y pastor.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
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Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.