El fundamento de nuestra fe

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano    ¡Aleluya! ¡El Señor Jesús ha resucitado! La fe de los cristianos es la fe en la persona de Cristo que ha sido devuelto a la vida. La fe en Cristo y en Dios no es plena sino haciéndose fe en el Señor resucitado. El pasado año, el Papa Benedicto en su mensaje de Pascua, nos decía: “si Jesús ha resucitado, entonces –y sólo entonces– ha ocurrido algo realmente nuevo, que cambia la condición del hombre y del mundo. Entonces Él, Jesús, es alguien del que podemos fiarnos de modo absoluto, y no solamente confiar en su mensaje, sino precisamente en Él, porque el resucitado no pertenece al pasado, sino que está presente hoy, vivo. Cristo es esperanza y consuelo de modo particular para las comunidades cristianas que más pruebas padecen a causa de la fe, por discriminaciones y persecuciones. Y está presente como fuerza de esperanza a través de su Iglesia, cercano a cada situación humana de sufrimiento e injusticia”.

La fe en el Resucitado tiene, pues, consecuencias inmediatas en nuestra vida de creyentes. Al resucitar, Cristo levanta al ser humano de la postración de la muerte a la que el pecado le tenía sometido, para abrir ante él una insospechada perspectiva de vida en plenitud. Nos introduce en una experiencia de alegre confianza que nos lleva a creer y esperar en la propia resurrección. Albergar esta esperanza en nuestra resurrección, nos libera interiormente del egoísmo y de la idolatría de las cosas de este mundo, nos libera para el amor de Dios y para el amor del prójimo, para la entrega de la vida en la alabanza a Dios y en el servicio a todos los hombres; nos mueve, en palabras del Papa Francisco en la homilía de inicio de su pontificado, a “custodiar a la gente, a preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”.

La centralidad de la Resurrección nutre también nuestro compromiso evangelizador. Al confesar nuestra fe en la resurrección de Cristo, podemos decir que ¡Jesús es nuestra vida! Pero esta afirmación no nos hace mirar solo al más allá, sino todo lo contario. El haber resucitado, se nos ofrece como alimento de vida eterna en el caminar por este mundo; se nos presenta como fuente de agua viva y como luz que disipa las tinieblas de la muerte.
Esa presencia debe ser vivida, anunciada y compartida. Los creyentes somos testigos del resucitado, pues hemos sido seducidos por un acontecimiento (la persona de Cristo resucitado) que ya no nos deja indiferentes, sino que nos mueve a anunciar con ilusión la alegría de una fe que se renueva con el acontecimiento de la Resurrección.

El reto que tenemos delante es muy grande. Renovar nuestra fe, para ser testigos de Jesús. Nuestro plan diocesano de pastoral nos anima a ello, y en este tiempo de gracia que es la Pascua, debemos de pedir al Espíritu Santo que nos llene se su sabiduría en este momento de compromiso evangelizador en nuestra diócesis. Me resultan sugerentes las palabras que el entonces cardenal Bergoglio dirigió a la diócesis de Buenos Aires en el mensaje para la preparación de la cuaresma de este Año de la Fe: “la Semana Santa se nos presenta como una nueva oportunidad para desinstalar un modelo cerrado de experiencia evangelizadora que se reduce a “más de lo mismo” para instalar la Iglesia que es de “puertas abiertas” no porque sólo las abre para recibir sino que las tiene abiertas para salir y celebrar, ayudando a aquellos que no se acercan”.

Salir y anunciar que Jesús ha resucitado. ¡Que el mundo lo conozca y lo ame!¡Feliz Pascua!

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.