Subir a Jerusalén

Mons. Lluís Martínez SistachMons. Lluís Martínez Sistach     El domingo de Ramos comienza la Semana Santa. Los cristianos acompañamos a Jesús que sube a Jerusalén. El camino hacia Jerusalén llevó al Señor a su pasión, a su muerte y a su resurrección. Es lo que conmemoramos en estos días santos. Estos acontecimientos históricos han incidido fuertemente en la vida de la humanidad, especialmente de nuestro Occidente.

Jesús hizo este camino hacia Jerusalén acompañado de sus discípulos. Y mientras caminaban, ya desde muy lejos, iba explicándoles en qué consistía ir a aquella ciudad santa. “Entonces comenzó a enseñarles que era necesario que el Hijo del hombre sufriese mucho y fuese rechazado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y los escribas, fuese muerto y, después de tres días, resucitase. Y se lo decía con toda claridad”.

Ante este anuncio de Jesús se produce la reacción de Pedro que venía a ser como la síntesis de las de los demás apóstoles: “Entonces Pedro, queriendo favorecerlo, se puso a reprenderlo”. Es el rechazo innato de la cruz, de la muerte, del fracaso humano. Es entender la vida y la obra del Mesías en clave únicamente de éxitos, de resurrección. No obstante, Jesús reitera su enseñanza anterior sobre lo que sucedería en Jerusalén, riñe a Pedro y le dice: “¡Quítate de mi vista, Satanás!, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. La amenaza más peligrosa para la Iglesia y para los cristianos es el rechazo de la cruz de Cristo.

A medida que iba caminando hacia Jerusalén, el Señor reiteró la misma catequesis sobre su muerte y resurrección y, ante las reacciones de incomprensión por parte de los discípulos, Jesús les dio estas enseñanzas, que son capitales para la vida cristiana, sobre lo que significa seguir al Señor en su camino hacia Jerusalén. Les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, hágase el último y el servidor de todos”; y también: “El que quiera ser grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será el esclavo de todos; como el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate por una multitud”.

San Pablo entendió muy bien el misterio de la cruz como fuente de sabiduría y de vida. Se dirige a los cristianos de Corinto con estas palabras: “Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necesidad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza  de Dios y sabiduría de Dios”.

La cruz es el signo de la identidad cristiana. Es despreciada por muchos, pero sigue atrayendo a miles y miles de creyentes que se postran para adorar a Aquel que, sin dejar de ser Dios, quiso salvar a los hombres. La cruz se ha convertido en  el signo del amor fiel de Dios a todos nosotros.

El camino hacia Jerusalén llevó hasta el Calvario. En la cruz del Calvario el dolor y la muerte se abrazan con el amor y la vida. Quien en este mundo no ha sufrido nunca, no sabe lo que significa amar. Hay una simbiosis profunda e íntima entre dolor y amor. La cruz de Cristo nos permite entender el verdadero sentido del dolor y del sufrimiento que acompaña la vida de los hombres y de las mujeres. Claudel ha dicho que “Dios no vino a la tierra para suprimir el sufrimiento sino para llenarlo de su presencia; una presencia que sorprendentemente es amor infinito”. Ante el misterio del mal y del sufrimiento, la contemplación de Jesucristo clavado en la cruz nos da luz para poder entender con paz y profundidad este penetrante misterio presente en toda persona humana.

Sin embargo, el camino hacia Jerusalén no acabó en el Calvario. Jesús murió en la cruz, pero resucitó. Esta es la victoria definitiva que vence el mal, el sufrimiento y la muerte. 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.