Vayamos con él

Mons. Demetrio FernándezMons. Demetrio Fernández    La Semana Santa nos trae el misterio de nuestra redención para celebrarlo, revivirlo, incorporarnos a él y rejuvenecer nuestras fuerzas con su gracia. En Córdoba, comenzamos la Semana Santa con la fiesta de la Virgen de los Dolores, Señora de Córdoba, a la que siguen viacrucis por todas partes, que nos invitan a la conversión y a la penitencia. Y culminará con la celebración gozosa de la Vigilia pascual y el domingo de Pascua de Resurrección Entremos con Jesús en Jerusalén, y con los niños y jóvenes aclamemos a Jesús como el que viene a salvarnos. El viene humilde y sencillo, a lomos de una borriquita, pero acepta ser proclamado como el que viene en el nombre del Señor, el rey de Israel, el único salvador de todos los hombres. Su retiro en Betania le prepara de manera inmediata a los acontecimientos que se acercan.

“He deseado enormemente comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer”, les comunica a los apóstoles al sentarse a la mesa para la cena pascual, en la que instituye el sacramento de la Eucaristía, el ministerio sacerdotal que la prolonga en la historia y el mandato del amor fraterno, que hace presente a lo largo de los siglos la presencia de Cristo.

De nuevo se nos levantará ante los ojos a Cristo crucificado: “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Y adoramos esa cruz bendita, que tantas veces rehuimos, y que el viernes santo besamos agradecidos. “Dolor con Cristo dolorido, quebranto con Cristo quebrantado”, nos recuerdan los Ejercicios de san Ignacio, y dolor con tantas personas que sufren por culpa de otros (injusticias y pecados) y por las propias culpas. Dolor reparador, solidaridad, restauración. Para vivir el silencio del sábado santo, junto al sepulcro, a la espera de la Resurrección.

Y en la Vigilia pascual, la madre de las vigilias, gozo incontenible porque Cristo ha vencido la muerte y ha resucitado. Verdaderamente, ha resucitado, y ha cambiado el curso de la historia de la humanidad, introduciendo savia nueva, su Espíritu Santo, en las venas de la humanidad.

María santísima ha vivido todo este recorrido con singular protagonismo, junto a su Hijo. Ella quiere vivirlo este año junto a cada uno de nosotros, con la Iglesia, con cada hombre que sufre. Como madre que sabe consolar y anima a la esperanza. Virgen de los dolores y Madre de la alegría, Señora nuestra.
Vivamos estos días con Jesucristo. Vayamos con él, a la pasión, a la muerte, a la resurrección. Él nos dará su Espíritu Santo, y renovará la faz de la tierra. Nosotros podremos prolongar en la historia su presencia transformadora, en la medida en que nos dejemos mover por el Espíritu.

+Demetrio Fernández González

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.