Domingo de Ramos del Año de la fe

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Aun desconociendo la identidad del nuevo Papa, escribo estas líneas el 26 de febrero, y precisamente por eso, me siento más libre para decir que recibimos al Papa como a Jesucristo en Jerusalén en esta celebración del Domingo de Ramos: «Bendito el que viene en nombre del Señor»; «Paz en el cielo y gloria en lo alto».

Y todo ello porque, al recibir al Papa, recibimos a Jesucristo mismo en él representado sacramentalmente. ¡Ay qué difícil! Sí, qué difícil es a las gentes de nuestro tiempo experimentar el gozo del encuentro con la real presencia de Jesucristo en los sacramentos de la Iglesia. Qué difícil esperar recibir la vida de nuestro Señor Jesucristo cuando se aferran a la vida presente ignorando que su proyección, su futuro, no está en el disfrute siempre escaso de sus placeres a corto plazo, sino en la apertura a dimensiones inéditas que solamente puede desplegar el ser humano liberado del pecado y de la muerte por quien en esta Semana Santa le vemos vencer desde el árbol de la Cruz entregando su vida a Dios y por Él a sus hermanos: hombres y mujeres de todos los tiempos.

Cogidos y aun cosidos a la televisión y a los medios de comunicación tan perfectos en imagen y sonido, los humanos de ahora tendemos a no conocer más que aquello que nos parece tocar y palpar en imágenes y sonidos tantas veces inventados y alejados de la realidad por cierto. El Sacramento, sin embargo, está más dentro del verdadero realismo que la aparente sensación inmediata. El sacramento en la Iglesia es realidad de Quien ha vencido en la Resurrección las barreras del tiempo y el espacio, es Jesucristo el que nos une sí en la Iglesia, la palabra es celebramos y esto quiere decir que nos une en Él realmente con los demás, a quienes admitimos en nuestra vida como hermanos.

Esto sí que es sentir cerca al Papa, los obispos, los sacerdotes, con los que se reúne la Iglesia Universal, la diócesis, la parroquia… y esto es posible «Por Jesucristo, nuestro Señor que vive y reina contigo -Dios Padre- en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos». Sí, la Iglesia continúa en el tiempo y somos más de mil doscientos millones de personas los que celebraremos, esta Semana Santa, la realidad de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, no como un hecho del pasado, sino como la «actualización repetida de nuestra salvación».

No saben, «Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen», no saben el daño que nos hacen cuando se ríen y desprecian al Papa, no saben que, para los católicos, es alguien más que un ser querido, pues se trata de que en él vemos el amor que Dios nos tiene y que permanece por los siglos. Mis padres murieron y siempre me sentiré querido por ellos pero ya no tengo su cercanía si no fuera porque en la Iglesia todos estamos unidos por Jesucristo, y el Papa es su Vicario en la tierra. Todos los obispos en comunión, –unidos a él– somos sacramento, es decir, realidad profunda del amor que Dios Padre nos ha entregado en su Hijo Jesucristo.

Esta es nuestra fe: «La fe, don y respuesta, –según palabras del Mensaje de Cuaresma– nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud». (n.º 4).

Con la certeza de la fe comenzamos el nuevo pontificado en la Iglesia, Madre de todos.

 Vuestro obispo, 

 + Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.