Carta sobre la Semana Santa

Mons. José Leonardo LemosMons. J. Leonardo Lemos   ¡Queridísimos fieles de la Iglesia en Ourense!

Hace unos días me reuní con un grupo de sacerdotes, representantes de
diferentes instituciones de la ciudad, con los responsables de las cofradías y
fraternidades, así como con algunos miembros pertenecientes a grupos y
movimientos seglares. La finalidad del encuentro era preparar juntos la
Semana Santa, de manera especial quería invitarles a ¡salir a la calle!; es
decir, hacer presentes en nuestras calles la belleza de los misterios que
celebramos en nuestros templos.

Cuando me disponía a escribiros esta carta me encontré con una
exhortación del Papa Francisco que, siendo todavía cardenal-arzobispo de
Buenos Aires, les escribía a los diocesanos, también para preparar esta
Semana Santa de 2013, lo siguiente:

“Hace años que todos trabajamos por lograr que la Iglesia esté en la
calle tratando que se manifieste más la presencia de Jesús vivo. Es el
esfuerzo de vivir aquello que rezamos tantas veces en la Misa “que todos
los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y
crezcamos en la fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir
en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de
los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación”. En mayor o
menor medida muchas comunidades aceptaron ese desafío. (…) Todos
sabemos que la realidad de nuestras parroquias resulta acotada en
relación a la cantidad de personas que hay y a las que no llegamos. La
Iglesia que nos llama constantemente a una nueva evangelización nos pide
poner gestos concretos que manifiesten la unción que hemos recibido. La
permanencia en la unción se define en el caminar y en el hacer. Un hacer
que no sólo son hechos sino un estilo que busca y desea poder participar
del estilo de Jesús. El “hacerse todo a todos para ganar a algunos para
Cristo” va por este lado.” Proseguía el que ahora es nuestro Papa: “Salir, compartir y anunciar, sin lugar a dudas, exige una ascesis de renuncia que es la parte de la conversión pastoral. El miedo o el cansancio nos pueden jugar una mala pasada, llevándonos a que nos quedemos con lo ya conocido que no ofrece dificultades, nos da una escenografía parcial de la realidad y nos deja
tranquilos. Otras veces podemos caer en el encierro perfeccionista que nos
aísla de los otros con excusas tales como: “Tengo mucho trabajo”, “no
tengo gente”, “si hacemos esto o aquello ¿quién hace las cosas de la
parroquia?”, etc. (…) La vida de nuestros fieles se renueva cuando
experimentan la belleza y alegría de acercarse a los hermanos para
compartir la fe”.

Os invito, pues, a que salgáis a las calles y acompañéis los pasos de
Semana Santa, ¡es una forma de evangelizar! A través de la belleza plástica
de las imágenes que reflejan instantes concretos de la Pasión, Muerte y
Resurrección del Señor, ¡estamos evangelizando!; por medio de la
participación activa y bien coordinada en las procesiones damos testimonio
de nuestra fe, una fe que, imbricada en la cultura y en el arte de esta ciudad,
hace que nuestros conciudadanos se asomen al misterio redentor de un Dios
que por amor a toda la humanidad, ¡a todos!, se entregó en el Misterio
redentor de la Cruz.

Es necesario salir a las calles, porque también en y por ellas
transcurren nuestras vidas y quehaceres cotidianos. También en medio de
ellas tenemos que convertirnos en testigos vivos y valientes de un Cristo
vivo.

Las puertas de nuestros templos no sólo se abren para que los que
quieran puedan entrar, sino que están abiertas para que salgamos fuera y
nos acerquemos a aquellos conciudadanos que se han alejado de nuestras
iglesias, que no entran ni para rezar, que rechazan todo lo eclesial como un
producto trasnochado y sin valor que hay que erradicar del entramado
social porque es nocivo para las nuevas generaciones. “Lo cristiano”
quieren convertirlo en algo que hay que tolerar pero que conviene tener
bien controlado dentro de las fronteras de los templos. ¡No! En una
sociedad auténticamente libre y democrática, también las calles son
nuestras, porque como ciudadanos iguales a los demás, sin buscar ni
pretender privilegios, en y por ellas se despliegan todas las actividades que
realizamos.

Os invito, pues, a que participéis en la Procesión del Domingo de
Ramos –la de la Borriquilla- y asistáis a la Eucaristía de ese día de fiesta en la Catedral. Que no falte vuestra presencia en la procesión del Viernes
Santo, que es una expresión externa de nuestra fe en Aquél que pasa por su
pasión y muerte como camino redentor de toda la humanidad. Estas
manifestaciones de piedad concluyen con la procesión de Santa María Nai,
patrona de esta Diócesis y de la ciudad, que, Dios mediante, celebraremos
el Domingo de Pascua.

Os invito a que de meros espectadores os convirtáis en actores
principales de estos momentos de nuestra fe. Como siempre, deseo pediros
que recéis por mí y por esta Iglesia que peregrina en la fe por estas nobles
tierras de Ourense.

Os bendice con afecto

+J. Leonardo Lemos Montanet
 Bispo de Ourense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
Acerca de Mons. José Leonardo Lemos Montanet 58 Articles
Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.