Papa Francisco, sucesor de Pedro

Mons. José Mª Yanguas

Queridos diocesanos:

En la tarde-noche del pasado miércoles el corazón de los católicos volvió a vibrar de alegría con la noticia de la elección del nuevo Papa en la persona del hasta entonces Arzobispo de Buenos Aires, Card. Jorge Mario Bergoglio. Los Cardenales electores llegaron a esa decisión después de apenas un día y medio de deliberaciones, dando así fin a uno de los cónclaves más rápidos de la historia de la Iglesia. Se revelaron vanas las previsiones de quienes imaginaban un cónclave más largo de lo habitual, por la aparente falta de un candidato que pudiese reunir en seguida en su persona los votos de la mayoría cualificada de los electores. Pero los Sres. Cardenales habían dispuesto, al parecer, de tiempo suficiente durante las Congregaciones Generales para pensar en la persona capaz de llevar a cabo en nuestro tiempo y en nuestro mundo, del mejor modo, la misión del sucesor de Pedro.
Tampoco la supuesta exigencia de un Papa joven fue acogida por los Cardenales del Cónclave. El nuevo Pontífice cumplirá 77, una edad muy cercana a la que tenía Joseph Ratzinger cuando fue elegido Papa. En cuanto a los nombres que se barajaban como “posibles”, se ha comprobado una vez más que los Cardenales hacen gala de una gran independencia respecto de los pronósticos humanos, y se muestran sensibles a consideraciones bien distintas de las que están en el origen de vaticinios y predicciones que, generalmente, expresan sólo los deseos de quienes los formulan.
Los fieles reunidos en la plaza de San Pedro en la tarde-noche del pasado miércoles revelaban conmoción y alegría, que sustituyó en seguida la inicial sorpresa de muchos. La Iglesia contaba con un nuevo sucesor de Pedro después de un breve periodo de orfandad. El colegio de los Obispos disponía ya de su Cabeza y adquiría así su fisionomía habitual. La Iglesia entera contaba de nuevo con un sucesor de Pedro, “principio y fundamento perpetuo y visible de unidad” (Lumen gentium, 23), y se sentía más segura y confortada.
Es la primera vez que un Papa elige el de Francisco como el nombre con el que será contado en el elenco de los Sumos Pontífices. Ese nombre evoca la figura del “pobrecillo” de Asís, y su elección no carece seguramente de significado. La figura de San Francisco de Asís habla de fidelidad al Evangelio, así como es, sin demasiados comentarios ni interpretaciones; de devoción sincera a la Iglesia, esposa de Cristo; de sencillez y simplicidad cristianas; de atención a lo esencial; de caridad activa y sincera hacia los pobres, de fraternidad universal.
Un Papa sudamericano, por otra parte, permite predecir una particular atención de la Iglesia al joven continente americano, donde vive buena parte del total de los católicos de todo el mundo. El nuevo Papa conoce bien las esperanzas, las dificultades, los retos y desafíos que plantea la evangelización en aquellas tierras. El rostro que presentan aquellos países ofrece indudables rasgos de novedad si se los compara con los del así llamado primer mundo. Seguramente es llegado el momento de afrontarlos con mayor hondura y determinación.
El hecho, en fin, de que el nuevo Papa sea un religioso, nos hace abrigar la esperanza de que con su elección sea renovada y potenciada la fuerza evangelizadora y la dimensión “ejemplar” de cientos de miles de religiosos. El Papa Francisco I no dejará de prestarles singular atención. La Iglesia necesita de su entrega generosa, fiel y obediente de los religiosos.

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).