La Cuaresma: la vida personal, la vida eclesial, la vida social

Mons. Francesc Pardo i Artigas      En este último domingo de cuaresma os ofrezco tres hechos significativos para valorar como han ayudado a nuestra conversión al Evangelio. Comento el hecho de mi reciente intervención quirúrgica y la posterior recuperación, aunque cada uno de vosotros puede pensar en algunos hechos vividos durante la cuaresma. 

He experimentado de nuevo lo que significa la limitación humana, la fragilidad, la inacción, el dolor… y la experiencia me ha permitido estar muy cerca de los enfermos, de los accidentados, de los ancianos dependientes. Si he compartido la vida de las parroquias –hechos sociales-, ahora he vivido también el cáliz que viven muchos hermanos. He vivido la dificultad y la necesidad de la plegaria. 

Pero, al mismo tiempo, he vivido tantas manifestaciones de afecto, de ayuda, de servicios… que puedo afirmar que he revivido la parábola del buen samaritano, porque muchas personas me han llevado a cuestas, me han curado, han estado a mi lado y me han amado a través de sus plegarias… 

Al mismo tiempo he comprobado que desde la inacción de la enfermedad también se ejerce la misión de pastor de la Diócesis, precisamente porque el Espíritu sigue trabajando en las personas y fortaleciendo la comunión eclesial. Un sabio y santo sacerdote me escribe en una tarjeta: “Gracias a los comunicados médicos he podido explicar a mucha gente que me preguntaba, el curso de su enfermedad. Por medio de este interés hacia su persona descubría un sentido de la comunión eclesial y de valoración de la fe de la Iglesia”.  Nuevamente he comprobado en  mi propia carne, no por medio de libros o discursos, que es el Señor quien constituye la Iglesia sirviéndose de todo. 

Ciertamente, la experiencia ha sido un estímulo para aceptar la limitación humana, a depositar la confianza en Jesucristo Salvador, en como debemos amar  a cada persona en su concreta situación, y a renovar el compromiso respecto de la Diócesis de Girona que formulé el día de mi ordenación episcopal. 

El gran hecho eclesial vivido ha sido la renuncia de Benedicto XVI al ministerio pétreo. Se han comentado los motivos, se ha reflexionado sobre lo que significa esta decisión, y hemos valorado y agradecido al papa Benedicto su servicio y su decisión por falta de vigor para mantener el timón de la Iglesia, por liderar la evangelización en un mundo muy complejo, convulso y cargado de problemas. 

El papa Benedicto ha renunciado por amor a la Iglesia, a su servicio pastoral y al mundo. Por ello, más allá de las opiniones, de la curiosidad por el cónclave y por el próximo papa, debemos preguntarnos si nosotros amamos la Iglesia de la misma manera, tanto en asumir servicios como en dejarlos cuando no estemos en condiciones de seguirlos prestando. He pensado en tantos sacerdotes que se han querido jubilar precisamente por amor a la Iglesia y al pueblo… Son también un ejemplo de amor a la Iglesia. 

La renuncia del papa Benedicto y la elección de un nuevo pontífice ha de ser ocasión para fortalecer nuestro amor a la Iglesia y al servidor de Dios que ejerce el ministerio de Pedro. 

Los hechos sociales que han marcado la cuaresma tienen nombres diversos: acusaciones, imputaciones, espionaje, corrupción, dimisiones. Parece que ante estos hechos se haya pasado de la necesaria presunción de inocencia a que tiene derecho toda persona a la acusación de culpabilidad sin la necesaria investigación y sin un juicio justo. 

La Iglesia precisamente recuerda que la fe en Cristo pide una coherencia de vida, estimula a trabajar por el bien común, ofrece los medios para una vida honesta, y siempre perdona y levanta a la persona para que no vuelva a pecar. 

Conscientes de la problemática de las noticias negativas, más que desanimarnos y quedarnos únicamente con la crítica, precisamos de una opción mayoritaria por la regeneración, que no será posible de no iniciarse en cada ciudadano, en cada uno de nosotros.

 

Debemos pedir justicia, honestidad, juego limpio, pero debemos pedírnoslo también a nosotros. Y si alguien piensa que no es necesario, que está limpio de toda culpa… que haga examen de conciencia y que pida la opinión sincera a quienes están a su lado. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 420 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.