Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, Pórtico de la Semana Santa

Mons.  Manuel Ureña      El camino de Cristo a través del mundo da comienzo en su encarnación o concepción virginal en el seno puro, inmaculado y santísimo de la Virgen María, su madre. Este camino, que comienza, como hemos dicho, el día de la Anunciación, conoce el primer gran hito en su nacimiento en Belén de Judá, nueve meses después. El camino del Señor sigue avanzando a través del largo período de su vida oculta, vivida con María y con José. Y se adentra en el vasto tiempo y dilatado espacio de su vida pública, para culminar con el evento de la Pascua de la muerte y de la resurrección.

A través de este camino largo del Señor, Dios Padre nos ha salvado de las tinieblas del pecado y de la muerte, actuando en nosotros el misterio de la redención. Toda la vida de Cristo está finalizada y teleologizada a priori. Ella apunta y se dirige hacia la Pascua, la gran Pascua suya y de los cristianos.

Los Sinópticos nos transmiten amplia información sobre esta Pascua, la Pascua de la cruz y de la resurrección, fin del camino del Redentor. En efecto, para Lucas, por ejemplo, el camino de Jesús se describe casi como un único subir en peregrinación desde Galilea hasta Jerusalén. Se trata ante todo de una subida en sentido geográfico: el Mar de Galilea está aproximadamente a200 metrosbajo el nivel del mar, mientras que la altura media de Jerusalén es de760 metrossobre dicho nivel. Pero se trata también de una subida interior, que se va desarrollando a lo largo de un camino exterior: el ir caminando hacia el templo como el lugar donde Dios quiso establecer su nombre (cf Dt 12, 11; 14, 23).

Y la última meta de esta subida de Jesús es la auto-entrega de éste en la cruz, una entrega que reemplaza los sacrificios antiguos; es la subida que la “Carta a los Hebreos” califica como un ascender, no ya a una tienda hecha por mano de hombre, sino al cielo mismo, es decir, a la presencia de Dios (9, 24). Como bien matiza Su Santidad Benedicto XVI, esta ascensión hasta la presencia de Dios pasa por la cruz, es la subida hacia el “amor hasta el extremo” (cf Jn 13, 1), que es el verdadero monte de Dios.

Pues bien, durante la Semana Santa, que justo hoy da comienzo, la Iglesia celebra y actualiza sacramentalmente este camino de Cristo, esta subida del Señor a Jerusalén para entregarse a la muerte, y a la muerte en cruz, por la salvación de todos. La meta inmediata de la peregrinación de Jesús es Jerusalén, la Ciudad Santa con su templo y la “Pascua de los judíos”, como la llama Juan (2, 13).

Por eso, si ya desde el principio de la Cuaresma nos venimos preparando con obras de penitencia y de caridad para ascender con Cristo a Jerusalén, hoy, Domingo de Ramos en la pasión del Señor, cercana ya la Noche Santa de Pascua, nos disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de Jesucristo.

Por ello, recordando con fe y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la Ciudad Santa, le acompañaremos con nuestros cantos, para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección.

Así las cosas, tras haber recordado hoy la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su misterio pascual, la Iglesia va a celebrar litúrgicamente a lo largo de esta semana, como hace cada año, los grandes misterios de la redención de los hombres desde la misa vespertina del Jueves Santo en la Cena del Señor hasta las vísperas del domingo de resurrección. Este período de tiempo se denomina justamente el Triduo del crucificado, sepultado y resucitado; se llama también Triduo Pascual porque con su celebración se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir, el tránsito del Señor de este mundo al Padre.

Dicho con precisión, el Triduo Pascual comienza con la misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves santo. Esta misa evoca aquella última Cena del Señor Jesús, en la que, justo la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los Apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también los ofrecieran.

Y, atravesada la puerta del misterio pascual, el primer tiempo de éste es la celebración litúrgica de la muerte del Señor en la cruz, que tiene lugar en las primeras horas de la tarde del viernes santo. El segundo tiempo de tan gran misterio se celebra el Sábado Santo, día en que la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, aunque sí celebra la liturgia de las horas, que constituye la mejor oración y la más alta meditación en día tan santo. Y el Triduo pascual culmina el Domingo de Pascua de la resurrección del Señor con la celebración de la Vigilia Pascual.

Participemos en la acción litúrgica de cada uno de estos días, para morir con Cristo y resucitar con Él.

† Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.