La Cuaresma en el Año de la fe (VI)

Mons. Antonio Algora    Como el día 26 de febrero, en el que escribo esta carta, no puedo saber si tendremos Papa el 17 de marzo, y, ya que celebramos el Día del Seminario, cercana la fiesta de San José, mi reflexión va dirigida a que caigamos en la cuenta de la importancia del sacramento del Orden Sacerdotal, el sacramento que nos asegura la presencia del sacerdote en la vida de la Iglesia. Sacerdocio que nos viene dado a través de la cadena de la sucesión apostólica. Por eso sabremos de la importancia para la vida de la Iglesia del Obispo de Roma, del Pontificado del Sucesor de San Pedro, sea quien sea el elegido por el Cónclave de cardenales.

En la carta encíclica de Benedicto XVI Spe salvi (En esperanza fuimos salvados) advirtiéndonos de la especial dificultad que tenemos las personas de nuestro tiempo de buscar una esperanza y sólo una salvación individual, nos cuenta lo que le pasó a San Agustín hecho sacerdote por su obispo y sin haberlo buscado él, cómo cae en la cuenta de que es necesario seguir a Jesucristo, así dice él: «“Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para él que murió por ellos” (cf. 2Co 5, 15). Cristo murió por todos. Vivir para Él significa dejarse moldear en su “ser–para”. Esto supuso para Agustín una vida totalmente nueva. Así describió una vez su vida cotidiana: “Corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los adversarios, guardarse de los insidiosos, instruir a los ignorantes, estimular a los indolentes, aplacar a los pendencieros, moderar a los ambiciosos, animar a los desalentados, apaciguar a los contendientes, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos, tolerar a los malos y [¡pobre de mí!] amar a todos”. “Es el Evangelio lo que me asusta”, ese temor saludable que nos impide vivir para nosotros mismos y que nos impulsa a transmitir nuestra común esperanza». (Spe salvi, 29)

Nuestros seminaristas se están preparando al sacerdocio no como quien estudia para terminar una carrera sin más, sino entrenándose en el seguimiento de Jesucristo cuya llamada están madurando por encima de sus apetencias humanas, en el contexto del individualismo que se da hoy en nuestra sociedad van adelante con todos los sacerdotes de la diócesis en su «ser–para». ¡Qué bien lo dice San Agustín!: «en la difícil situación del imperio romano, que amenazaba también al África romana y que, al final de la vida de Agustín, llegó a destruirla, quiso transmitir esperanza, la esperanza que le venía de la fe y que, en total contraste con su carácter introvertido, le hizo capaz de participar decididamente y con todas sus fuerzas en la edificación de la ciudad. En el mismo capítulo de lasConfesiones, en el cual acabamos de ver el motivo decisivo de su compromiso “para todos”, dice también: Cristo “intercede por nosotros; de otro modo desesperaría. Porque muchas y grandes son mis dolencias; sí, son muchas y grandes, aunque más grande es tu medicina. De no haberse tu Verbo hecho carne y habitado entre nosotros, hubiéramos podido juzgarlo apartado de la naturaleza humana y desesperar de nosotros” (Spe salvi, 29).

Le deseamos al nuevo Papa lo mejor que, sin duda, es llevar adelante el sacerdocio recibido en sus tres estadios de diácono, sacerdote y obispo, para que, como obispo de Roma, sucesor de San Pedro, sea Vicario de Cristo en la Tierra, re-presente a Jesucristo para toda la Iglesia, Cuerpo de Cristo, como cabeza de la misma. También nos dice Benedicto XVI en la carta citada: «De hecho, esta era precisamente la intención de Agustín: Gracias a su esperanza, Agustín se dedicó a la gente sencilla y a su ciudad; renunció a su nobleza espiritual y predicó y actuó de manera sencilla para la gente sencilla». Rezad para que tengamos muchos y santos sacerdotes.

Vuestro obispo, 

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.