Día del Seminario

Mons. J. Leonardo Lemos     Como todos los años, en torno a la fiesta de San José, patrono de la Iglesia Universal y protector de los seminarios, nos disponemos a celebrar esta jornada. En esta ocasión lo hacemos en el marco del Año de la Fe. Sabemos muy bien, porque lo hemos experimentado en nuestra vida, que la vocación sacerdotal es un regalo de Dios a la comunidad. Esta certeza la tenemos, apoyados en la fe. Sin una vida de fe es imposible comprender, y menos vivir, una experiencia vocacional de este tipo. 

En Ourense poseemos dos Seminarios, el del “Divino Maestro” y el de “La Inmaculada”, cada uno tiene su finalidad bien definida. Podemos decir que el Seminario es uno, pero con dos pulmones que son los encargados de mantener viva la Iglesia diocesana. Son para nosotros motivo de esperanza. En los últimos años hemos visto que el número de alumnos ha decrecido y, para algunos, este es motivo de preocupación. ¡No podemos dejarnos llevar de las estadísticas, ni de las simples evaluaciones numéricas! La situación que estamos viviendo es un fuerte despertador para que se renueve nuestra pastoral vocacional. 

El Beato Juan Pablo II nos decía, al inicio de este milenio, que la más urgente de nuestras actividades eclesiales es la pastoral de la santidad. Si los sacerdotes y demás agentes de pastoral no tomamos en serio este programa de vida, de nada, o de muy poco, sirven los programas, encuentros, dinámicas y proyectos pastorales. El mismo Señor nos dijo, y sigue haciéndolo: ¡Rogad al dueño de la mies! Esta es la primera e insustituible prioridad pastoral. En esta Iglesia particular me consta que se están llevando a cabo encuentros de oración, pero ¿suplicamos personalmente, en nuestra oración cotidiana, que se nos concedan vocaciones? ¿Los sacerdotes y los miembros de la vida consagrada, así como las familias, se esfuerzan por plantear en serio la urgencia de la pastoral de la santidad como una realidad prioritaria? 

Es necesario convencerse de que solo desde una perspectiva orante viviremos con autenticidad nuestra vocación y, sin querer, seremos testigos alegres de Cristo Resucitado, el Buen Pastor. En nuestra existencia cotidiana sabremos aprovechar todas las ocasiones para hacer una propuesta vocacional valiente, venciendo los miedos y los respetos humanos. ¡Todas las ocasiones son buenas para lanzar las redes!¡Qué ocasión propicia tienen los sacerdotes en las charlas cuaresmales, en los “preceptos” y en la preparación cuidadosa de las confesiones, prestando una atención especial a los niños y jóvenes que se puedan acercar al sacramento de la Penitencia durante estos días previos a la Pascua! ¡No tengamos miedo de proponer la vocación sacerdotal, tanto a niños como a jóvenes! Dios sigue llamando, también en la primera infancia, esa es una certeza que tenemos en la Iglesia y en ella se fundamenta la razón de ser de nuestro Seminario Menor. Dios sigue llamando y la prueba está en las vocaciones adultas que, a veces, por falta de atención se pierden en el camino. Hay certezas que superan nuestros criterios y razonamientos, por eso es mejor fiarse del Señor que llama y, cada uno de nosotros, cuidando la coherencia de su vida, es necesario que llevemos a cabo una pastoral más agresiva de la vocación sacerdotal.

Los padres y los profesores, especialmente los que imparten la asignatura de  la Enseñanza Religiosa Escolar, os ruego que nos ayudéis. Vosotros, mejor que nadie, estáis en contacto con los niños y conocéis sus cualidades e inclinaciones vocacionales. Haced que lleguen a ellos los ecos de la Campaña del Seminario, procurad que se constituyan seminarios didácticos interdisciplinares en los que los alumnos puedan descubrir que el camino de la vocación sacerdotal es una salida existencial que, vivida en plenitud, puede convertirse en cauce de alegría y de plenitud personal. 

Nuestra comunidad diocesana se siente vinculada, desde siempre, con el Seminario. Su afecto resulta muy cercano y real. Sabemos bien que los tiempos no son fáciles para nadie, tampoco para nuestras familias. La crisis económica afecta con violencia a muchas personas; en el pasado también se vivieron momentos difíciles y, a pesar de las serias dificultades, y de la pobreza estructural, tanto los seglares como los sacerdotes respondieron con mucha generosidad y sacrificio a la llamada del Obispo para construir los Seminarios. También hoy, en la medida de nuestras posibilidades, debemos ayudar a esta gran familia diocesana que vive y crece en esta especie de matriz de nuestro Presbiterio diocesano, porque eso es el Seminario. De esta generosidad son prueba fehaciente las placas conmemorativas que se conservan en el Seminario del Divino Maestro. Os invito a que también hoy podamos seguir haciendo lo mismo a través de becas institucionales (para una mejor dotación de la biblioteca y de otros servicios) o bien para los seminaristas más aplicados y necesitados de Estudios Eclesiásticos. Sería bueno que potenciásemos los donativos personales y que cuidáramos las colectas Pro-Seminario que se deben realizar… Recordad que, con otro motivo, os dije: muchos pocos pueden hacer mucho, una gran obra

Os ruego que pongáis en el regazo de la Madre, la Virgen Inmaculada, y bajo el patrocinio de San José, la obra de las vocaciones sacerdotales y que no os olvidéis de ayudar al Seminario. 

Os bendice agradecido.

+ J. Leonardo Lemos Montanet

Bispo de Ourense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
Acerca de Mons. José Leonardo Lemos Montanet 51 Articles
Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.