Acontecimientos que deben ser rezados

Mons. Braulio Rodríguez     En medio de los acontecimientos importantes que estamos viviendo, que pasan ante nosotros con rapidez inusitada, es preciso, a mi parecer, reflexionar y orar con paz, a pesar de la inquietud que algunos de ellos nos proporcionan. Estamos ante acontecimientos eclesiales especiales (Sede Vacante en Roma, Cónclave para elegir al sucesor de san Pedro, problemas eclesiales y de nuestro mundo que afectan necesariamente a la Iglesia Católica). Ante ellos cabe hacer algunas cosas, como comentarlo en nuestro grupo o comunidad cristiana de referencia, pero sobre todo orar para que todos respondamos a la misión que Jesucristo nos ha dado a todos en su Iglesia.

Hay también temas y asuntos que deben preocuparnos muy mucho: el dolor y la incertidumbre de los más necesitados, la falta de trabajo que tantos quebrantos trae consigo para la vida familiar y para los mismos parados. También cómo hemos de afrontar personalmente y como Iglesia Diocesana la respuesta adecuada y efectiva a estas personas. Ya sé que en nuestra sociedad, al menos en el nivel de la opinión pública, la Iglesia Católica no merecer para algunos mucha credibilidad y son muchas las veces que las noticias que sobre ella se subrayan son negativas. Pienso, sin embargo, que sigue habiendo muchos tópicos y juicios respecto de la Iglesia que no resisten mucho análisis. Pero con ellos contamos y no deben hacernos retroceder en nuestro empeño en realizar el bien y ofrecer el servicio del Evangelio, los Sacramentos y la caridad de Cristo.

Pienso con todo rigor, queridos hermanos, que nuestra programación pastoral en el Año de la Fe debe seguir ahondándose, sobre todo cuanto hemos programado que tiene que ver con ir, anunciar, acercarse al que no tiene fe o duda de ella por las circunstancias. Dios es alguien demasiado importante para el ser humano, Jesucristo y su Iglesia valen mucho como para que nosotros nos preocupemos de juegos florales o problemas periféricos. De nuevo me vienen a mi mente aquellas palabras de santa Teresa de Jesús: “Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, quieren poner su Iglesia por el suelo. No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios asuntos de poca importancia” (Camino de Perfección, 1,5).

A mí me preocupan también otros problemas que, aunque no sean nuevos en España, pueda ser que estén brotando con demasiada vitalidad y fuerza. Ahora estamos tal vez en España en un doloroso proceso de educarnos en las dificultades, las más grandes desde los años de la transición política; pero estamos en un Estado de derecho y en nuestras imperfecciones como pueblo podemos seguir básicamente reconciliados. Pienso que actuar de esta manera no es resignarse ante una situación difícil. Tenemos malestar: aprendamos a usar la libertad también en situaciones molestas o incluso poco soportable. Todo mejor antes de que entre nosotros pudieran repetirse tragedias por auto-odiarnos como ha ocurrido en el pasado no tan lejano. No nos merecemos nada de eso como humanos que formamos un pueblo.

Yo no tengo soluciones políticas concretas para los problemas, por ejemplo, económicos que nos rodean; tampoco es mi campo de actuación, pero hay muchos católicos que están en ésta o aquélla formación política que sí pueden buscar con otros soluciones y encontrar entre todos la manera de atender con solidaridad y caridad las urgencia que surgen entre nosotros. Y debe existir entre nosotros, toledanos, un deseo de sumar y no de destruir todo cuanto los otros, que nos son “de los míos”, quieren construir. Pudiera suceder que no sea lo mejor, pero puede valer para dar un paso más a un mayor entendimiento. No se trata de simple irenismo, sino de la necesidad de vernos con nuestro particular punto de vista, pero sin cerrazón que lleva a simplismo y enfrentamientos.

Estamos ya en una avanzada Cuaresma. Es tiempo de perdón para los católicos en el sacramento de la Reconciliación: “Dejaos reconciliar con Dios en Cristo”. El perdón que recibimos por el arrepentimiento de nuestros pecados, puede tener también un reflejo en la sociedad civil, aunque no haya aquí sacramento, pero si aceptación de que es preciso caminar hacia una unidad esencial, dejadas a un lado intransigencias y fenómenos de exclusión siempre un poco irracionales y que conducen a ninguna parte. Volver el rostro a Cristo, que sufre en los hermanos; aceptar su perdón y su gracia ha de cambiar igualmente nuestros sentimientos hacia los que consideremos nuestros enemigos o adversarios.

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.