La Cuaresma en el Año de la fe (V)

Mons. Antonio Algora    El título repetido de «La Cuaresma del Año de la fe» trata de ser un estímulo más para llevar adelante nuestra trabajo personal y comunitario que busca la conversión de los que no conocen a Jesucristo para que vengan a la fe y, también y a la vez, la conversión de los corazones envueltos en la mediocridad de una fe debilitada por la inercia de la comodidad y el ir pasando tratando de sacarle a la vida el placer que se pueda. Sin embargo, la conversión al amor de Dios que más nos ha de importar es la de cuantos estamos implicados en las distintas tareas y responsabilidades eclesiales, metidos en ocasiones en el vértigo de las muchas actividades parroquiales y asociativas que nos privan de la necesaria intimidad con el Señor.

Vuelvo a nuestro Mensaje Cuaresmal que se ha de quedar en nuestra memoria como el más reciente del Papa Benedicto XVI y que por el afecto que nos ha conquistado tiene una especial fuerza para provocar el deseo de conversión: «A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de San Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien de su correlación: “Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos” (Ef 2,8–10)».

Tengo por muy cierto que, si sacamos adelante los presupuestos necesarios para la obra de Caritas que llamamos El signo solidario en nuestra Iglesia de Ciudad Real, no será tanto por nuestros gestos generosos sino porque estos serán consecuencia del amor que Dios nos manifiesta en Jesucristo herido por nuestras maldades y resucitado para nuestra salvación.

«Aquí se percibe –sigue el Papa– que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad».

Os confieso que siento cada día en esta Cuaresma una mayor ternura por quien nos ha guiado hasta el último día de febrero, y un mayor compromiso con su testimonio de fe. Un Papa intelectual que ha sabido unir como nadie fe y caridad. «Prioridad de la fe, primado de la caridad». Esta sugerente expresión nos ha de marcar a los católicos que estamos siendo testigos de esta primavera de la Iglesia como le gustaba decir al Beato Juan Pablo II. Si nos dijo el Concilio Vaticano II que el ateísmo reinante tenía su causa también en la debilidad de la fe y la caridad de los creyentes, el testimonio de la caridad de los católicos, hoy por hoy, está siendo, sin duda, una fuerte llamada a la fe de nuestros contemporáneos desfondados ante los fracasos de los potentes mecanismos políticos, financieros y científico–técnicos que parecían asegurar un futuro esplendoroso en el que ya no hacía falta la religión.

Nos falta la fe en nuestro Señor Jesucristo y el testimonio apostólico de su amor en nosotros para que a todos llegue el amor de Dios Padre y la fuerza del Espíritu Santo. A Él invocamos estos días para que la elección del nuevo Papa sea, efectivamente el anuncio de una alegría grande para la Iglesia y, por esta, para todo el mundo empezando por los más empobrecidos de nuestra sociedad.

Vuestro obispo,

 + Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.