Iglesia jerárquica

Mons. Ángel Rubio    En esta hora providencial que vive la Iglesia conviene recordar su misterio autentico que debe enfocarse desde las alturas de la Santísima Trinidad porque es una creación de Dios de tipo especial. La Iglesia es un fenómeno humano-divino. Una sociedad divina por su origen y fin sobrenatural y humana por sus miembros. El capítulo III del documento sobre la Iglesia (Lumen Gentium) del Concilio Vaticano II lleva por título “la constitución jerárquica de la Iglesia”, es el más amplio de toda la constitución y está en íntima conexión con el capítulo anterior sobre “El pueblo de Dios” de forma que el capítulo comienza afirmando que “para apacentar el pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios” (LG 18).

La Iglesia no es sólo una corriente de ideas sino también una sociedad organizada. Solo que su estructura interna no se deduce por explicaciones filosóficas o sociológicas sino por el testimonio de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Cristo, al instituir a los Doce, “formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él” (LG 19). “Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles” (LG 22).

La jerarquía de la Iglesia fue instituida para asegurar al pueblo de Dios su dirección pastoral y sus medios de crecimiento. Los obispos se unen íntimamente con el Sucesor de San Pedro y todos entre sí, para realizar las esplendidas tareas que les han sido confiadas: iluminar con la luz del evangelio, santificar con los instrumentos de la gracia y regir con el arte pastoral a todo el Pueblo de Dios.

La doctrina presentada en este capítulo no es totalmente nueva. El mismo Concilio indica que se siguen “las huellas del Vaticano I”; sin embargo, acentúa dos aspectos bastantes novedosos, a saber: la sacramentalidad y la colegialidad del episcopado. Son dos aspectos sobre los cuales el Vaticano II se pronuncia abiertamente.

Esta es la doctrina que el Concilio nos ofrece sobre la sacramentalidad del episcopado: (1) Los Obispos son por institución divina, sucesores de los Apóstoles, en su condición de pastores de la Iglesia. (2) El Episcopado es sacramento, que confiere la plenitud del Orden, o más bien el Orden pleno. (3) La consagración episcopal vincula al consagrado al Colegio episcopal, a condición de que esté en la “comunión jerárquica”. (4) El Obispo recibe en la consagración episcopal “con el poder de santificar, misión también o poder de enseñar y regir, las cuales por su misma naturaleza sólo pueden ejercerse en comunión jerárquica con la Cabeza y los miembros del Colegio episcopal” (LG 21).

En cuanto a la cuestión de la colegialidad episcopal tan debatida en el Concilio, éstos son los aspectos esenciales que contiene el texto conciliar: (1) Jesucristo encomendó las tareas de predicar, santificar y regir, es decir, la misión mesiánica, a los Doce presididos por Pedro: Colegio apostólico. El Episcopado, presidido por el Papa, en cuanto que es sucesor formal del Apostolado; ha recibido una misma misión: Colegio Episcopal. Hay por tanto un paralelismo entre ambos colegios. (2) Un Obispo queda integrado en el Colegio episcopal: a) por la consagración sacramental y b) por la comunión jerárquica con el Papa y con los demás Obispos. (3) El Colegio episcopal está integrado por el Papa, como Cabeza, y los Obispos como miembros. Pero, a diferencia de otros Colegios, la Cabeza de este Colegio tiene verdadera autoridad sobre cada uno de los miembros y sobre el conjunto de ellos. Por tanto no puede haber conflicto entre el Papa y el Colegio Episcopal, porque el Colegio siempre incluye al Papa. No hay Colegio sin Papa, es decir, sin cabeza. (4) Por tanto, el Obispo no es, ni puede ser, un simple jefe espiritual de su Diócesis. El Obispo viene a condensar en un determinado territorio a la Iglesia Universal. San Cipriano tiene esta frase gráfica: «El Episcopado es uno, del cual cada Obispo participa solidariamente». Muchos obispos, pero un Episcopado.

Aunque la mayor parte del texto conciliar se dedique al episcopado no podía faltar la referencia a los sacerdotes y a los diáconos puesto que el título de todo el capítulo es la estructura jerárquica de la Iglesia y éstos forman parte de la misma.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.