La Cuaresma, el Año de la fe y nuestra Misión diocesana

Mons. Gerardo Melgar    Queridos diocesanos:

La Cuaresma, el Año de la fe y nuestra Misión diocesana “Despertar a la fe” son tres realidades que nos hablan de un mismo objetivo para nuestra vida como creyentes y seguidores de Jesús. Detengámonos a reflexionar sobre ello:

La Cuaresma es un tiempo especial de gracia que nos llama a la conversión, a la vuelta al camino de Dios. A unos porque tal vez nos hemos equivocado de camino y hemos abandonado el camino de Dios para seguir otros derroteros en nuestra vida al margen de Él; para quienes podamos estar viviendo en esta situación, la Cuaresma nos hace una llamada a rectificar la dirección de nuestra vida porque el Señor quiere, con su muerte y resurrección, salvarnos a todos pero cuenta con nuestra decisión libre de poner de nuestra parte lo que sea necesario para caminar desde los planes de Dios. A otros Dios nos llama a Él porque, aunque tratamos de permanecer en la casa paterna divina, caminar por su camino y vivir nuestra vida desde la fe sentimos que existen demasiadas influencias mundanas que siguen condicionando nuestra entrega y nuestra identidad de seguidores de Jesús pues en nuestra vida se entremezclan el ambiente sin Dios de nuestra sociedad y su barro se queda pegado a nuestros pies, dificultándonos o impidiéndonos vivir nuestra realidad de seguidores y testigos de Jesús en medio del mundo.

Todos necesitamos la conversión a Dios porque somos pobres y débiles, y es necesario saber desprendernos de todo aquello que nos separa del Señor o de los demás para llenar nuestra vida con lo que nos viene de Él y nos pide su seguimiento; por eso, necesitamos en este Tiempo de Cuaresma revisar nuestra vida cristiana, la valoración que hacemos de Dios y el estilo de vida que seguimos así como la frescura y vitalidad de nuestra fe para poder prepararnos al gran acontecimiento de la muerte y resurrección del Señor y participar de sus frutos plenamente.

El Año de la fe nos urge a una renovación de nuestra fe de tal manera que seamosverdaderos discípulos del Señor -personas que siguen a Jesús y su mensaje encarnando en nuestra vida los valores de su Persona y de su Evangelio- y auténticos testigos de su vida en medio del mundo para que los demás se sientan interpelados por nosotros, crean en el Señor y se salven porque “creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación” (Porta fidei, 3). “En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de la muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf Hch 5, 31) Para el apóstol Pablo, este amor lleva al hombre a una nueva vida” (Porta fidei, 6).

De este modo, el Año de la fe nos propone a los cristianos de todo el mundo una renovación de nuestra fe, renovación que no es posible sin una auténtica conversión, no sólo de cómo estamos viviendo nuestra fe a título personal sino también cómo estamos siendo testigos de ella en medio del mundo para que la salvación de Cristo llegue a todos los hombres por los que murió y resucitó.

Igualmente, nuestra Misión diocesana “Despertar a la fe” pretende estos dos mismos objetivos: la revisión de nuestra fe, que nos lleve a una vivencia más auténtica como seguidores y testigos suyos en medio de nuestro mundo, pero también para que desde el modelo de nuestra vivencia cristiana seamos interpelación e interrogante para aquellos que no creen porque nunca creyeron o porque creyeron pero han dejado de creer o porque son indiferentes a todo cuanto se refiere a Dios y la fe.

Cuaresma, Año de la Fe y Misión diocesana son tres realidades que nos hacen la llamada a lograr un mismo objetivo: renovar nuestra vida de fe desde una conversión auténtica al estilo de vida de Jesús, de tal manera que seamos verdaderos y auténticos seguidores del Señor y que -siendo seguidores de su Persona, su mensaje y su vida- seamos también apóstoles, testigos y pregoneros del mensaje salvador de Cristo, llevándolo, como decía el Beato Juan Pablo II, al corazón del mundo. Siempre la Cuaresma es una llamada importante y un Tiempo especial de gracia en orden a lograr una verdadera conversión del corazón pero esta Cuaresma de 2013 está cargada aún de mayor contenido y de un mayor apoyo desde el Año de la fe y desde la Misión diocesana.

Aprovechemos este Tiempo de gracia que es la Cuaresma para vivir el espíritu del Año de la fe, renovando nuestra vida de seguidores y testigos de Jesucristo, y el espíritu que se respira en toda la Misión diocesana, planteándonos en serio nuestra responsabilidad en la evangelización de nuestro mundo, de nuestra sociedad, de nuestras familias. Ojalá que este triple acontecimiento nos prepare a los creyentes y motive a los que no creen o creen a medias o han perdido su fe a vivir la alegría de la resurrección de Cristo, que murió y resucitó para vencer definitivamente a la muerte y el pecado para que, así, nosotros participáramos de su salvación.

Vuestro Obispo,

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.