'¿Cómo quieres ser llamado?', el último interrogante del Cónclave

A las ocho de la noche, hora de Roma, del pasado jueves 28 de febrero, los Guardias Suizos dejaron el Palacio Pontificio de Castelgandolfo y regresaron a la Ciudad del Vaticano, tras cerrar el portón del mismo Palacio.

Comenzó así oficialmente la Sede Vacante. Y en ese mismo momento, en el Vaticano, se reunía, por primera vez, la Cámara Apostólica, que ante la falta del Pontífice ahora provee a las diversas funciones previstas por las normas en caso de Sede Vacante.

Por esta razón, el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, al haber entrado en sus funciones de Camarlengo, proveyó a colocar los sigilos al apartamento papal. Al Camarlengo se le encomienda la gestión de las cuestiones cotidianas de la Iglesia en este período, con el auxilio de tres Cardenales a través de un sistema de rotación de los encargos.

Ya el pasado 25 de febrero se había hecho pública la última Carta Apostólica, en forma de Motu Proprio, de Benedicto XVI sobre algunas modificaciones de las normas relativas a la elección del Romano Pontífice. Considerada la importancia de asegurar el mejor funcionamiento de cuanto atañe a la elección del Romano Pontífice, Benedicto XVI establece que algunas normas de la Constitución apostólica Universi Dominici gregis y de cuanto él mismo dispuso en la Carta apostólica De aliquibus mutationibus in normis de electione Romani Pontefici se sustituyan.

Así por ejemplo, en el número 35, se lee: Ningún Cardenal elector podrá ser excluido de la elección, activa o pasiva, por ningún motivo o pretexto, quedando en pie lo establecido en los números 40 y 75 de esta Constitución.

En el número 37, Benedicto XVI establece, además, que desde el momento en que la Sede Apostólica esté legítimamente vacante los Cardenales electores presentes esperen durante quince días completos a los ausentes; dejo además al Colegio de los Cardenales la facultad de anticipar el comienzo del Cónclave si consta la presencia de todos los cardenales electores, como la facultad de retrasar, si hubiera motivos graves, el comienzo de la elección algunos días. Pero pasados al máximo veinte días desde el inicio de la Sede vacante, todos los Cardenales electores presentes están obligados a proceder a la elección.

En el número 43: Desde el momento en que se ha dispuesto el comienzo del proceso de la elección hasta el anuncio público de que se ha realizado la elección del Sumo Pontífice o, de todos modos, hasta cuando así lo ordene el nuevo Pontífice, los locales de la Domus Sanctae Marthae, como también y de modo especial la Capilla Sixtina y las zonas destinadas a las celebraciones litúrgicas, deben estar cerrados a las personas no autorizadas, bajo la autoridad del Cardenal Camarlengo y con la colaboración externa del Vice Camarlengo y del Sustituto de la Secretaría de Estado, según lo establecido en los números siguientes.

Todo el territorio de la Ciudad del Vaticano y también la actividad ordinaria de las Oficinas que tienen su sede dentro de su ámbito deben regularse, en dicho período, de modo que se asegure la reserva y el libre desarrollo de todas las actividades en relación con la elección del Sumo Pontífice. De modo particular se deberá cuidar, también con la ayuda de los Prelados Clérigos de Cámara, que nadie se acerque a los Cardenales electores durante el traslado desde la Domus Sanctae Marthae al Palacio Apostólico Vaticano.

El Papa también establece que para la elección válida del Romano Pontífice se requieren los dos tercios de los votos, calculados sobre la totalidad de los electores presentes y votantes.

En el número 87, el Papa establece que: Realizada la elección canónicamente, el último de los Cardenales Diáconos llama al aula de la elección al Secretario del Colegio de los Cardenales, al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias y a dos Ceremonieros; después, el Cardenal Decano, o el primero de los Cardenales por orden y antigüedad, en nombre de todo el Colegio de los electores, pide el consentimiento del elegido con las siguientes palabras: ¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice? Y, una vez recibido el consentimiento, le pregunta: ¿Cómo quieres ser llamado? Entonces el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, actuando como notario y teniendo como testigos a dos Ceremonieros, levanta acta de la aceptación del nuevo Pontífice y del nombre que ha tomado”.

(María Fernanda Bernasconi. [email protected])

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