Padeció y fue crucificado

Mons. Alfoso Milián     Proclamamos en el Credo: Creo en Jesucristo, que padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Cuesta creer que se crucificara a un  hombre que predicaba el amor a Dios y al prójimo, que curaba a los enfermos y daba  esperanza a los pobres y excluidos. O tal vez no, pues así de incoherentes somos a veces los seres humanos.

Jesús entró en conflicto con los dirigentes del pueblo por su crítica a la práctica farisaica de la Ley de Moisés, por sus curaciones en sábado, por el perdón que otorgaba a los pecadores y sobre todo por su pretensión de actuar en nombre de Dios, de hacer lo que había visto junto a su Padre.

Cuenta el Evangelio que los fariseos se aliaron con los partidarios de Herodes y los dirigentes del pueblo para acabar con él. Y con ello pretendían hacer un favor a todo el pueblo, evitando que los romanos reaccionaran como si Jesús fuera un agitador. Esta fue la conclusión a la que llegó el sumo sacerdote Caifás en una sesión del Sanedrín:

«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación. … Conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Unos días después, el Sanedrín lo declaraba reo de muerte por blasfemo; había tenido la osadía de declararse Mesías, Hijo de Dios.

Pero Jesús no podía actuar de otro modo. Vino para manifestar a los hombres el verdadero rostro de Dios. La primera comunidad cristiana lo captó perfectamente y lo dejó escrito en el prólogo del evangelio de san Juan: «A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer». Esta humanidad nuestra, que durante siglos había buscado a Dios entre las sombras, tenía por fin la posibilidad de conocer el rostro Dios viendo actuar a Jesús. Es de nuevo san Juan quien descubre, asombrado, el amor que Dios nos tiene, porque «tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».

Las religiones han buscado aplacar a Dios con sacrificios, Jesús, en cambio, nos hace experimentar que es Dios quien se acerca a nosotros y sólo hace falta que nos dejemos regalar el don que nos hace en su Hijo. Su amor «hasta el extremo», hasta la muerte es el signo de un amor incondicionado que nos salva, nos hace libres y nos renueva, si nos atrevemos a aceptarlo.

El papa Benedicto XVI nos invita a «contemplar a Cristo en los misterios de su
pasión, muerte y resurrección. En ellos hallaréis ─dice─ lo que supera toda sabiduría y conocimiento, es decir, el amor de Dios manifestado en Cristo. Aprended de Él, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Por eso hemos de abrazar y adorar la cruz del Señor».

Sigamos, pues, avanzando por el camino de conversión que iniciamos el
Miércoles de Ceniza.

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
Acerca de Mons. Alfonso Milián Sorribas 101 Artículos
Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.