Día de Hispanoamérica

Mons. Manuel Ureña     El don del sacerdocio ministerial recibido en el acto de la ordenación hace partícipes a los presbíteros de la universalidad de la misión evangelizadora confiada por Cristo a los Apóstoles. Desde esta verdad de la fe se explica el nacimiento de la Obra de cooperación sacerdotal hispanoamericana (=OCSHA), ese gran servicio común de las diócesis de España, integrado en la Conferencia Episcopal Española, por medio del cual los obispos y los sacerdotes seculares significan y realizan su comunión objetiva con la Iglesia a través del envío de presbíteros de España a América Latina con el fin de cooperar en la acción evangelizadora con las Iglesias locales más necesitadas de allí.

El origen de la OCSHA se remonta a 1948, año en que ésta es creada por la Conferencia de Metropolitanos de España. Su presidencia fue encomendada al entonces arzobispo de Zaragoza, D. Rigoberto Doménech y Valls.

Pues bien, en 1957, la OCSHA, también bajo el impacto producido por la carta-encíclica de Pio XII, Fidei donum, estableció la celebración en España del Día de las vocaciones hispanoamericanas, que iba a perseguir el objetivo de ayudar a mantener vivos los vínculos de solidaridad, comunión y colaboración evangelizadora entre España y América Latina. Como fecha de esta celebración anual se eligió el primer domingo de marzo. Y, a partir de 1959, la Jornada de las vocaciones hispanoamericanas pasó a llamarse “Día de Hispanoamérica”.

Este año, el Día de Hispanoamérica se ofrece bajo el lema: “América, puerta abierta de la misión”. El texto del lema entronca directamente con el título de la carta apostólica del Papa Benedicto XVI, “Porta fidei”, con la que éste abría el pasado mes de octubre el año de gracia que estamos viviendo, el “Año de la fe”. La puerta de la fe, que es la fe misma confesada y vivida, introduce en la vida de la comunión con Dios y permite la entrada en la comunión de la Iglesia, siempre abierta para nosotros (cf PF 1).

Un signo evidente del celo y de la comunión de las Iglesias locales en el anuncio del Evangelio lo constituye sin duda la cooperación habida entre las Iglesias de España y las de América.

 Las Iglesias locales de América han pedido a gritos ayuda para anunciar la fe y han abierto de par en par las puertas de sus territorios para dar entrada a multitud de misioneros venidos de fuera. Éstos, movidos por el grito paulino “Caritas christi urget nos” (2 Cor 5, 14), dejaron su patria y, al igual que los Apóstoles, marcharon a extender el Evangelio por todo el mundo. Llevados por el amor de Cristo, fruto de la fe, una legión de misioneros, particularmente sacerdotes, vino al Nuevo Mundo para defender la dignidad de los indígenas y transmitirles el don más precioso: la fe en Jesucristo, el Verbo de Dios hecho hombre, salvador del hombre.

De los misioneros llegados a las fronteras de América Latina cabe destacar a aquellos sacerdotes diocesanos que, acogidos al servicio de la OCSHA de la Conferencia Episcopal Española, dejaron su tierra y partieron para cooperar con aquellas Iglesias más necesitadas en la extensión del Evangelio.

Actualmente, los misioneros españoles siguen encontrando las puertas abiertas para la misión en América Latina. Y, de hecho, cada año salen de las Iglesias particulares de España nuevas vocaciones misioneras para colaborar con aquellas Iglesias que se encuentran todavía en proceso de formación.

Ahora bien, si continua siendo urgente ponerse en camino desde Europa y atravesar la puerta que nos lleva a la misión en América con el fin de colaborar en abrir a Cristo las puertas del corazón de los latinoamericanos, no es menos apremiante que la savia nueva de la fe crecida en los corazones latinos atraviese la puerta de salida de América del Sur y venga a Europa a colaborar con nosotros en la tarea de la nueva evangelización del viejo continente, un continente que se desangra día tras día, víctima del laicismo más feroz.

Sin embargo, gracias a Dios, al grito de “América, ¡sal de tu tierra!”, en los últimos lustros han salido de las Iglesias jóvenes de América Latina nuevos evangelizadores para hacer resonar el anuncio de Cristo, Hijo de Dios, en los países de antigua evangelización.

De este modo, como bien constata Marc Ouellet, Cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina en su Mensaje con motivo del Día de Hispanoamérica en las diócesis de España, “no faltan en este país, como en muchos otros países europeos, numerosos sacerdotes provenientes de los países latinoamericanos que, con el permiso de sus respectivos obispos, colaboran activamente en la misión evangelizadora de ambientes que sufren la desertización de la secularización y el abandono de la tradición católica”.

Confiemos la vocación misionera en tierras de España y de América Latina a la intercesión de la Santísima Virgen María, “estrella de la primera y de la nueva evangelización”.

† Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.