La Cuaresma en el Año de la fe (III)

Mons. Antonio Algora     La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás». Así comienza el papa su mensaje cuaresmal.

La experiencia de los grupos de católicos que trabajan en favor de los más pobres y que participan en las plataformas al uso, junto a gentes que dicen no creer o manifiestan su indiferencia, nos dice que se suele vivir muy buen ambiente y desde luego caen muchos prejuicios y se rebaja considerablemente la hostilidad hacia la Iglesia.

Me ha hecho pensar en la razón de ser de esto lo que el Papa nos dice: «la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo». El verdadero testimonio de fe atrae y hace ambiente propicio para creer. Esta relación estrecha entre fe y caridad, entre causa y efecto, decimos en nuestra Carta Pastoral con motivo del Doctorado de San Juan de Ávila, él la desarrolla,  en su comentario a Gálatas 5, 6: «la fe que actúa por medio del amor». Dice: «Ni circuncisión ni obras, todo vale nada delante de Dios si no hay fe; y tampoco la fe vale delante de sus ojos si no tiene vida. ¿En qué se verá que tiene vida? Si tiene obra. Disparate sería pensar de un cuerpo que tenía vida, si no le viésemos obras de vida; y disparate sería de quien se aficionase a un cuerpo y toma amistad con él, careciendo de vida y de espíritu, etc.» […] Por fe con  caridad, dice que mora Cristo en nosotros. La fe es la que lo aposenta, la que le da el señorío, la que con él nos liga; y ella mesma es las arras, los dones y los collares que da Cristo a la esposa con quien se casa. Este collar y cadena, labrada tiene de estar. ¿Qué quiere decir labrada? Que tienen de resplandecer en ella diversidad de obras: amor de Dios y del prójimo […] La caridad, donde quiera que está, produce grandes y excelentes frutos. No se contenta con tener el amor ocultado, sino que da muestras de él con obras; procura de emprenderle en los otros y por esto se le compara al fuego».

La nueva Evangelización que necesita hoy nuestro mundo requiere católicos que han purificado su fe de las mismas debilidades que impiden a los demás el creer. Decíamos en la misma carta citada: «San Ignacio de Antioquia afirma lo dicho por san Juan de Ávila de otra manera. Dice en la Carta a los Efesios que “la fe y la caridad son el principio y el fin de la vida: el principio es la fe, el fin es la caridad. Las dos trabadas en unidad, son Dios, y todo lo demás, que atañe a la perfección y santidad, se sigue de ellas».

Católicos que han vivido ciertamente en sus vidas el encuentro con el Señor Jesús que les ha concedido el don de la fe. «Sin embargo, –dice el papa en el primer número de su Mensaje cuaresmal– éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado. De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad».

Nuestros contemporáneos nos quieren por el mismo camino, no entenderán cuando les hablamos torpemente de nuestra fe, pero saben apreciar lo que amamos y estiman mucho la caridad de los hombres y mujeres de Iglesia, como dicen ellos. El “Signo Solidario” de nuestra Iglesia diocesana dedicado a transeúntes y drogadictos es ya una tarea evangelizadora que a nosotros nos sostiene en la fe y a los demás los acerca a la fe. 

Vuestro obispo, 

+ Antonio Algora

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid.El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe.Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid.El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid.El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año.Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.