Jornada de formación del clero en Jaén sobre el Concilio Vaticano II

El Seminario Diocesano de Jaén ha acogido recientemente la jornada de formación permanente del clero, que se celebra periódicamente en la diócesis. El Concilio Vaticano II fue el tema central de la jornada convocada por la Delegación Episcopal del Clero.

“El Papa Benedicto XVI, en Porta Fidei nos dice: «He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»[9]. Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: «Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia»[10].» De ahí que dediquemos esta jornada a adentrarnos, un poco más, en ese tesoro que son, para la Iglesia de hoy, los documentos del Concilio Vaticano II”, aseguraba el sacerdote Juan Arévalo, Delegado Episcopal del clero.

Esta jornada comenzaba a las 10:30 con la hora intermedia, del pasado lunes 18 de febrero.

A continuación el Obispo de Jaén, monseñor Ramón del Hoyo López hacía hincapié en la importancia de la formación permanente en el clero. “El Señor y la Iglesia nos han destinado, por un don que no merecemos, a ser testigos altamente cualificados en una sociedad que nos mira, que necesita de nuestro ejemplo, de nuestra palabra y es imprescindible, por tanto, actualizar nuestra formación constantemente”.

“La Congragación para la Doctrina de la Fe en las indicaciones pastorales que hace sobre la aplicación de la Exhortación Apostólica Porta Fidei para vivir el Año de la Fe, nos marcó casi el programa a nivel de la Iglesia Universal, a nivel de diócesis y a nivel de parroquias. En esas indicaciones al referirse al ámbito diocesano dice: la formación permanente del clero podrá encontrarse particularmente en este Año de la Fe, en los documentos del Concilio Vaticano II y en el Catecismo de la Iglesia Católica”, continuaba monseñor del Hoyo.

Asimismo, incidía en una de las proposiciones del Sínodo de los Obispos celebrado en Roma en octubre de 2012. “También en este mismo sentido los Padres Sinodales, en su proposición 49 al referirse a la dimensión pastoral del ministerio ordenado, nos dicen: «Se necesita una formación permanente para clero sobre la Nueva Evangelización y métodos de evangelización en la diócesis y de la parroquia con el fin de aprender métodos eficaces para movilizar a los laicos para que se comprometan con la nueva evangelización»”.

Por su parte, José López Chica, Director Espiritual de nuestro Seminario Mayor , fue el encargado de exponer el tema: «Recepción y hermenéutica del Concilio Vaticano II. Un discurso del Papa Benedicto XVI a la curia romana».

López Chica dividió su conferencia en dos partes claramente diferencias. La primera parte de la exposición versaba sobre la recepción del Vaticano II. La segunda parte se centraba en la cuestión de la hermenéutica, enmarcándola dentro del contexto de un discurso que el Papa Benedicto XVI tuvo el primer año de su Pontificado en navidad ante la curia romana.

“El Papa subrayaba que, tanto antes, como después del Concilio, es la misma Iglesia: una, Santa, Católica y Apostólica, en camino a través de los tiempos. Concluyó el Papa su reflexión diciendo: Hoy podemos volver nuestra mirada con gratitud al Concilio Vaticano II. Si lo leemos y recibimos guiados por una hermenéutica adecuada puede ser, y cada vez más, una gran fuerza para la renovación, siempre necesaria, de la Iglesia”.

Igualmente, incidió en el carácter reformador del Concilio Vaticano II. “Se trata de un Concilio de reforma y no un Concilio de revolución. La interpretación del Vaticano II parece depender del contenido real que se atribuya histórica y teológicamente a los términos continuidad y discontinuidad. Es decir, de la valoración de la naturaleza de ese cambio de rumbo. Entendemos que ese cambio de rumbo que se expresa en la novedad del retorno a la fuente, en la relevancia dada a la Palabra de Dios, como fuente de la teología y de la vida cristiana, en la apertura a los hombres y mujeres de hoy en su situación histórica concreta, en el ecumenismo, en la libertad religiosa, en la colegialidad religiosa, etc. es el que ha de surgir marcando el paso a la Iglesia del tiempo post-conciliar. En otras palabras, la importancia del debate acerca de la interpretación del Concilio radica en el hecho de quien viene a coincidir con la cuestión acerca de la naturaleza y de la misión de la Iglesia en el mundo de hoy”.

“El Vaticano II no desea romper con la herencia eclesial, busca la continuidad hasta en la letra de los documentos. La dinámica de la asamblea fue decisiva para la elaboración final de los documentos aprobados, si bien la adopción, por casi unanimidad, de los documentos conciliares es expresión de que la división de frentes, en una mayoría y en una minoría, opera a favor de la unidad textual. Este lenguaje de compromiso no puede ocultar sus líneas innovadoras. En otras palabras, el ayer y el hoy que resumían la resumían la dinámica interna en el aula conciliar se ha trasladado a la concepción de la Iglesia. De modo que en nuestro lenguaje corriente se ha establecido de forma natural el antes y el después del Concilio, palpable en lo nuclear de la doctrina de algunos de sus documentos”, continuaba.

Al finalizar la conferencia se ofreció un turno de debate y diálogo. Asimismo, tras algunas informaciones de interés, la jornada culminaba alrededor de las 14 horas.

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