¡Gracias Benedicto XVI!

Mons. Carlos Escribano     Poco antes del rezo del Ángelus del pasado 11 de febrero, el anuncio de la renuncia del Papa Benedicto XVI al ministerio petrino lleno de asombro al mundo entero. La noticia suscitó en los medios de comunicación una respuesta inmediata y comenzaron a hacerse distintas valoraciones de un hecho casi sin precedentes. A buen seguro que el día de Nuestra Señora de Lourdes del año 2013 pasará a la historia de la Iglesia.

El mismo Papa explicaba el motivo de su renuncia: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, con la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Y concluía: “siendo muy consciente de la seriedad de este acto con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, sucesor de san Pedro”.

El pontificado de Benedicto XVI ha sido realmente intenso. En los casi ochos año que ha ocupado la cátedra de San Pedro, son muchas las cuestiones que ha afrontado con decisión, serenidad, generosidad y valentía. Su calidad y calidez personal, enseguida derribaron los muchos prejuicios que había hacia su persona en el momento de su elección el 19 de Abril de 2005. Ha sabido hacer frente a problemas muy dolorosos que se habían suscitado en el seno de la Iglesia, pidiendo perdón y manifestándose especialmente cercano ante los damnificados y sus familias y mostrando una necesaria firmeza ante los causantes de los mismos.

Sus esfuerzos y su preocupación por la Nueva Evangelización han quedado plasmados en sus escritos e iniciativas que se han ido sucediendo en estos años de fecundo ministerio apostólico. Dentro de sus últimas propuestas estuvo la de convocar el último Sínodo de los Obispos, desarrollado en Roma el pasado mes de Octubre, para tratar el tema de la Nueva Evangelización para la trasmisión de la fe y que forma parte de un plan unitario, que tiene como etapas recientes la creación del nuevo Dicasterio romano sobre la evangelización, la publicación de la exhortación postsinodal Verbum Domini, sobre la importancia de la Palabra de Dios, y la convocatoria del Año de la Fe que actualmente está celebrando la Iglesia católica.

Benedicto XVI, ha sido también un Papa teólogo, que con una inteligencia privilegiada y un sutil, profundo y siempre sugerente discurso, ha sabido mostrar el rostro de Dios ante los creyentes y ante todos los hombres, a la vez que miraba con audacia y amor sincero al mundo intentando describir las grandes cuestiones que configuran y preocupan al hombre de hoy. Y ha situado a la Iglesia ante esa realidad, en la que esta debe anunciar el evangelio. La gran cuestión que la Iglesia tiene en la actualidad entre manos es el responderse a sí misma a la pregunta: Iglesia, ¿qué dices de Dios al hombre de hoy? Y la respuesta la ha recordado él mismo en su primera carta encíclica: Dios es amor (Deus caritas est).

Ha visitado en tres ocasiones nuestro país: participó en el V Encuentro Mundial de las Familias de Valencia, peregrinó a Santiago de Compostela, consagró el templo de la Sagrada Familia de Barcelona y presidió con gran entusiasmo la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en el verano de 2011.

El Papa Benedicto cesa el próximo 28 de febrero. Estoy convencido de que la gratitud hacia su persona y ministerio está en el corazón de todos. Os pido también, a partir del momento en el que se produzca la Sede Vacante, que nos unamos a la oración de toda la Iglesia Universal que suplica al Espíritu Santo que ilumine a los Cardenales que se reunirán en el próximo Conclave, entre los que se encuentra nuestro querido Cardenal Santos Abril.

Muchas gracias Santo Padre. Su último acto, su renuncia, es fruto de todo lo que le ha caracterizado a lo largo de su vida y que se ha acentuado en el ejercicio del ministerio de Sucesor de Pedro, una profunda vivencia espiritual, una lúcida percepción de la realidad y un gran amor a la Iglesia. ¡Que Dios le bendiga!

 + Carlos Escribano Subías,
  Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.