2a Jornada diocesana de la Familia: Familia y Fe

Mons. Francesc Pardo i Artigas      Este domingo celebramos la segunda Jornada de la Familia, con el lema “Vivir y comunicar el Evangelio”. La reflexión principal y la reflexión por grupos se centrarán en la “transmisión y educación de la fe en el ámbito familiar y en las instituciones educativas”. 

Me ha parecido oportuno dar a conocer a los lectores  de la Hoja Diocesana, algunas pautas pues, aunque no os sea posible participar en dicha jornada, estéis unidos a ella por medio de la plegaria y podáis compartir su finalidad. Por ello, en esta reflexión me atrevo a poner por escrito algunas indicaciones, por si pueden servir de alguna ayuda para favorecer la educación cristiana en el seno de nuestras familias. 

Reconozco que aconsejar es fácil y actuar es difícil, especialmente para los padres con hijos en la etapa adolescente y de juventud. Ahora bien, desde mi experiencia como hijo de una familia, como sacerdote que ha acompañado durante muchos años a familias compartiendo con ellas las dificultades para educar en la fe, os sugiero algunas propuestas: 

–         Es fundamental que en la familia –especialmente los padres- se valoren la fe y la vida cristiana como el más preciado tesoro que se puede ofrecer a los hijos para la vida. Esta actitud se palpa,  se contagia.

–         La educación en la fe debe iniciarse a partir de los primeros años. En primer lugar por el amor recibido, pero también por los pequeños detalles, haciendo que el niño se dé cuenta de la presencia en casa de signos cristianos, pese a que todavía no los entienda.

–         Que la madre y el padre hagan en la frente la señal de la cruz, es un signo que se recuerda siempre. Primero que lo vean, que lo palpen… más tarde ya se lo explicaremos.

–         A medida que crezcan es necesario que los hijos acompañen a los padres en las celebraciones dominicales de la Misa. Puede que lloren, e incluso que el celebrante se enfade y les lance miradas de fuego, porque los lloros “le hacen perder el oremus”. No pasa nada.

–         Cuando ya puedan hacerlo, antes de acostarse, los padres deben hacerles rezar las oraciones, inicialmente unas oraciones breves, y progresivamente algunas como el Padrenuestro. Por la mañana, aunque brevemente, que aprendan ha hacer la señal de la cruz.

–         Conviene que en algún momento participen en la plegaria familiar, como la bendición de la mesa, la lectura de un fragmento del evangelio…

–         Inscribirlos en la catequesis como primera actividad extraescolar. Los padres deben interesarse y preguntarles por lo que han aprendido.

–         Asistir a Misa los domingos o la víspera, si es posible en familia, pese a que los hijos se quejen o digan que se aburren.

–         Una vez celebrada la primera comunión debe continuarse con la catequesis y la asignatura de religión en la escuela. Únicamente conociendo a Jesús en cada momento de la vida, lo amarán. Solo darán importancia a la religión como “razonable” si en la escuela forma parte de los estudios normalizados.

–         Debemos promover y trabajar para que reciban el sacramento de la Confirmación. En primer lugar, porque  ser confirmado con el don del Espíritu es un gran regalo, y porque  junto a jóvenes de su misma edad les será posible buscar respuestas a los interrogantes y ayudar a la experiencia personal de Jesucristo.

–         Si de mayores, en su mayoría de edad deciden “aparcar la fe”, debemos procurar dialogar sobre les cuestiones que les preocupan en relación con la fe, la Iglesia, la moral. La finalidad es que escuchen las convicciones creyentes de los padres. Puede que aparentemente no queden convencidos, pero la buena semilla siempre queda sembrada.

–        ¿Y los hijos que no quieren casarse por la Iglesia, o bautizar a sus hijos, y que han arrinconado la vida cristiana, pero vienen a casa algunos domingos y en otras ocasiones? Debemos acogerlos, escucharles, sin dimitir de nuestras convicciones cristianas cuando dialogamos o discutimos, y, cuando sea oportuno, comentar algún hecho positivo, o algún pensamiento en relación con una homilía o recordar alguna expresión de Jesús. 

Siempre, confiando en el amor y la paciencia del sembrador de la buena semilla del Evangelio. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 356 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.