Oración y vida cristiana son inseparables

Mons. Eusebio Hernández     Queridos hermanos y amigos:

En este segundo domingo de Cuaresma escuchamos en el Evangelio el pasaje de la Transfiguración del Señor (Lucas 9, 28b-36). Y comienza el texto diciéndonos que Jesús subió a lo alto de la montaña para orar . Por ello quiero, en esta carta semanal, compartir con vosotros una reflexión sobre la oración en el Catecismo de la Iglesia Católica. Lo hago por dos motivos, el primero porque el tiempo de Cuaresma es un tiempo especialmente indicado para que los cristianos reavivemos el espíritu de oración que siempre debe estar presente en nuestra vida; en segundo lugar lo quiero hacer señalando algunos puntos del Catecismo ya que estamos celebrando el Año de la Fe y se nos pide que nos familiaricemos con él y, de esta forma, nos ayude a profundizar en nuestra fe cristiana.

La oración es la mirada lanzada al cielo (Catecismo 2558-2561)

El Catecismo se pregunta qué es la oración al comenzar a tratar de la oración en la vida cristiana y responde con unas bellas palabras de Santa Teresa del Niño Jesús: Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría.

La oración que es la mirada lanzada al cielo , como dice Santa Teresa, pero una mirada desde nuestra pequeñez, por ello nos dice el Catecismo que una de sus características es la humildad: La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (San Agustín, Sermo 56, 6, 9).

Por lo tanto, la oración es sobre todo un don de Dios que debemos pedir con humildad y fe. Jesús dice un día a la Samaritana: Si conocieras el don de Dios, tú le habrías rogado a él y él te habría dado agua viva (Jn 4, 10). Como con la Samaritana podemos decir que Jesús viene a nuestro encuentro, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Nos dice el Catecismo que: La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él (San Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus 64, 4). Cuando descubrimos esta sed de Dios, que es su deseo de amarnos y estar con nosotros, de nosotros tiene que surgir con la oración el deseo de responder desde la fe a la promesa gratuita de la salvación y con amor hacia la sed de Dios.

La oración alianza y comunión (Catecismo 2562-2565)

La oración brota del corazón según nos dice más de mil veces la sagrada Escritura, por lo tanto, si el corazón es el que ora, si éste está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.

El Catecismo define, con claridad y belleza, qué significa la expresión corazón: El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica o bíblica: donde yo “me adentro”). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza. Para que esta Alianza se realice en cada uno de nosotros debemos, por lo tanto, poner con confianza en las manos de Dios nuestro corazón, es decir lo que somos, lo que hacemos y toda nuestra existencia.

De esta forma la oración cristiana se convierte en una relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo . En esta comunión que el cristiano mantiene con la Trinidad nos sentimos en todos los momentos de la vida en la presencia de Dios.

Oración esfuerzo y lucha (Catecismo 2752)

Aunque la oración es un don de Dios, nosotros debemos saber que también es importante nuestra decisión, nuestro esfuerzo y nuestra lucha por mantenerla en nuestra vida. La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable del “combate espiritual” necesario para actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive como se ora.

Que individualmente y comunitariamente sepamos descubrir en esta Cuaresma lo que es “la respiración” de nuestra vida cristiana que es la oración. Que en este tiempo nuestras parroquias, familias y comunidades se conviertan en sencillas escuelas del amor de Dios, en escuelas de oración.

Con todo afecto, os bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 216 Artículos
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.