Con motivo de la visita pastoral – A todos los cristianos de las parroquias del Municipio de Fasnia: San Joaquín y Nuestra Señora del Carmen

Mons. Bernardo Álvarez    Queridos hermanos:

En los próximos días, 22, 23, 24 y 25 de febrero, tengo el propósito de realizarla Visita Pastoral a las parroquias de Fasnia. Con esta breve carta, además de anunciarles la visita y su sentido, quiero invitarles a participar en los actos y encuentros que se organicen.

Es una antigua costumbre de la Iglesia que cada cierto tiempo el Obispo, como sucesor de los Apóstoles, visite las Comunidades Cristianas con la finalidad de conocer y compartir sus alegrías y tristezas, sus logros y dificultades.

Mi Visita Pastoral a las parroquias está marcada por esta tradición y, especialmente, por el deseo de conocerlos más de cerca y compartir juntos la misma fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Con mi presencia y mis palabras quisiera alentarles a perseverar firmes en la fe de la Iglesia, fortalecerles en la esperanza cristiana y animarles a crecer en el amor a Dios y al prójimo. Las normas de la Iglesia sobre el ministerio del Obispo dicen al respecto:

La visita pastoral es una de las formas, confirmada por siglos de experiencia, con la que el Obispo mantiene contactos personales con el clero y con los otros miembros del pueblo de Dios. Es una oportunidad para reanimar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos; es también la ocasión para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa. La visita le permite, además, examinar la eficiencia de las estructuras y de los instrumentos destinados al servicio pastoral, dándose cuenta de las circunstancias y dificultades del trabajo evangelizador, para poder determinar mejor las prioridades y los medios de la pastoral orgánica.

La visita pastoral es, por lo tanto, una acción apostólica que el Obispo debe cumplir animado por la caridad pastoral que lo presenta concretamente como principio y fundamento visible de la unidad en la Iglesia diocesana. Para las comunidades y las instituciones que la reciben, la visita es un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que el “supremo pastor” y guardián de nuestras almas, Jesucristo, ha visitado y redimido a su pueblo”

En efecto, es Dios quien toma la iniciativa de “visitarnos”, de venir a la tierra y habitar entre nosotros. Esa visita la confía a su Hijo, que enviado por Dios se hizo hombre y realizó la obra de la salvación del mundo. Él, a su vez, confió a sus Apóstoles la misión de visitar a todas las gentes hasta el final de los tiempos, no sólo para predicarles el Evangelio, sino también para realizar la obra de salvación que proclamaban, mediante los sacramentos, especialmente de la Eucaristía que es fuente y cumbre de la vida cristiana. 

Dios nuestro Padre ha querido que su Hijo Jesucristo hecho hombre como nosotros formara la familia de los Hijos de Dios, es decir,la Iglesia, con hombres y mujeres que, por la misma fe y el bautismo, forman un solo pueblo nuevo que tiene como meta el Reino de Dios, el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia, del amor y de la paz. Un reino que se va realizando en la medida que creemos en Dios Padre y en su enviado Jesucristo y, por la fe y el amor, somos verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo.

Esta Iglesia, que es una y única, está extendida por toda la tierra y se concentra en lo que llamamos “la diócesis”, que es una “porción del todo el pueblo de Dios” que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación de los sacerdotes. Y, «como no le es posible al obispo, siempre y en todas partes, presidir personalmente en su Iglesia diocesana a toda la grey, debe por necesidad erigir diversas comunidades de fieles. Entre ellas sobresalen las parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del obispo» (Concilio Vaticano II. Constitución sobre la liturgia, n.° 42).

En la parroquia, el sacerdote representa al Obispo con quien está confiada y animosamente unido y, bajo su autoridad, santifica y rige la porción de la grey del Señor a él confiada, hace visible en ese lugar a la Iglesia universal y presta eficaz ayuda a la edificación del Cuerpo total de Cristo. En las comunidades cristianas, por más que sean con frecuencia pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, Cristo está presente, y con su poder les afianza en la unidad de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica.

Con la Visita Pastoral del Obispo, se hace más palpable aún, y se acrecienta, esta unión de todos los fieles en la única Iglesia de Cristo. Mediante la visita del Obispo, ustedes y yo, podremos renovar nuestro encuentro con el Señor, que sigue visitando a su pueblo para salvarlo de todo mal y conducirlo por los caminos del amor y la paz, de la justicia y la santidad. En la diócesis, el Obispo es Vicario de Cristo y su representante principal. Es “padre y pastor de los fieles y como tal debe velar por ellos. La visita del Obispo es el “signo” y el “instrumento” mediante el cual Jesucristo, el Buen Pastor, sigue cuidando y guiando a su Iglesia.

Aunque ya he estado varias veces en las parroquias de Fasnia, con motivo de la confirmación y otras celebraciones, ahora, la Visita  Pastoral me ofrece una ocasión singular para acercarme con más detenimiento a la realidad de las parroquias y, particularmente, a aquellas personas que con el párroco atienden los diversos servicios de la comunidad parroquial, pudiendo así, de primera mano, conocer lo que se está haciendo y las dificultades que comportan los, siempre duros, trabajos del evangelio. Asimismo, en las celebraciones y encuentros, podré ofrecer orientaciones para la acción pastoral y animar la constante renovación de la propia fe y vida cristiana, fortaleciendo con ello nuestra común voluntad de servir al Señor.

En la “viña del Señor”, que somos nosotros, siempre podemos ser mejores, es decir: estar más formados o ser más conscientes de lo que somos; sabernos hermanos y estar más unidos, celebrar asiduamente la Santa Misa y guardar los mandamientos del Señor. Y necesitamos, también, que se note que somos cristianos en cualquier momento de la vida social: el trabajo y la diversión, en la familia y el vecindario, la convivencia y la paz con todos, en la solidaridad con los pobres…

Deseo, y así se lo pido al Señor y a la Virgen María, que mi Visita a las parroquias de Fasnia sea ocasión de vivir juntos la alegría de ser Hijos de Dios y de agradecer al Señor el hecho de pertenecer a su Iglesia. Rezad por mí y por los frutos esta Visita Pastoral.

Hasta que nos veamos, reciban mi saludo y bendición.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

Mons. Bernardo Álvarez
Acerca de Mons. Bernardo Álvarez 53 Artículos
Nació el 29 de julio de 1949 en Breña Alta (Isla de La Palma). Fue ordenado Sacerdote el 16 de julio de 1976. El 29 de junio de 2005 el Papa Benedicto XVI le nombra Obispo de Tenerife. Recibe la ordenación Episcopal el 4 de septiembre de 2005 en la Catedral de La laguna (Templo de Nuestra Señora de la Concepción) de manos del Nuncio de S. Santidad Mons. Manuel Monteiro de Castro y los Obispos Eméritos de Tenerife Mons. Damián Iguacen Borau y Mons. Felipe Fernández García, así como otros Obispos asistentes. En esta misma fecha toma posesión canónica de la Diócesis Nivariense. ESTUDIOS REALIZADOS: Realizó el Bachiller Elemental y Superior, con sus respectivas Reválidas, en Santa Cruz de La Palma, finalizando en el año 1967. Inició los estudios de Arquitecto Técnico (Aparejador) en 1967 en La Laguna, que abandonó para ingresar en el Seminario Diocesano de Tenerife en octubre de 1969. Realizó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Tenerife, que concluyó en junio de 1976, año en el que también recibió la ordenación sacerdotal de manos del Obispo D. Luis Franco Cascón. En junio 1987, tras el correspondiente examen, recibió el título de Bachiller en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España – Sede de Burgos. Posteriormente, estudió de teología en la Universidad Gregoriana de Roma, desde 1992 a 1994, adquiriendo el título de Licenciado en Teología Dogmática. RESPONSABILIDADES: Ha sido párroco en cuatro destinos diferentes durante 11 años (desde octubre de 1976, a octubre de 1987). - Parroquias de Agulo y Hermigua (La Gomera): 1976-1980 - Parroquias de San Isidro y San Pío X (Los Llanos de Aridane-La Palma): 1980-1982 - Parroquias de San Miguel y Ntra. Sra. del Carmen (Tazacorte – La Palma): 1982-1986. - Parroquias de San Fernando Rey y San Martín de Porres (S/C de Tenerife) 1986-1987. - Arcipreste de Ofra: 1986-1987. Director Espiritual en el Seminario Diocesano de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992. Secretario de la Asamblea Diocesana de octubre 1988 a junio 1989. Secretario de la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992, y desde septiembre de 1994 a mayo de 1999. Delegado Diocesano de Liturgia desde octubre de 1989 a julio de 1992. Desde 1994 a 1999 fue responsable del Departamento de Catequesis de Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis. Durante 10 años dirigió el Boletín Oficial del Obispado: de octubre de 1994 a octubre de 2004. Secretario General del Primer Sínodo Diocesano, desde septiembre de 1995 a mayo de 1999. Vicario General de la Diócesis, desde mayo de 1999. MOns. Bernardo Álvarez Alfonso, Obispo de San Cristóbal de La Laguna fue consagrado en Tenerife, en la Catedral, el 4 de septiembre de 2005 por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Arzobispo titular de Beneventum y Nuncio Apostólico en España, asistido por Mons. Felipe Fernández García, Obispo emérito y Administrator Apostólico de San Cristóbal de La Laguna, y por Mons. Damián Iguacen Borau, Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna.