La plenitud del camino cristiano: El Bautismo (Precede pero está orientado a la Eucaristía)

Mons. Braulio Rodríguez    Pronto nos llega este año la Cuaresma, ese tiempo privilegiado para la Iniciación Cristiana o para renovarla. Estos cuarenta días tienen un itinerario personal que cada uno de nosotros debe elaborar, en diálogo con Jesucristo, para que el Misterio Pascual sea vivido por los catecúmenos por primera vez, y por los ya bautizados como la vez primera o aquella que hayamos vivido mejor tan gran misterio. Pero hay también un itinerario eclesial en esta Cuaresma que tiene, a mi modo de ver, estos perfiles: orar por Catecúmenos y pecadores bautizados (la inmensa mayoría del Pueblo de Dios lo somos); evangelizar con nuestra vida y nuestra palabra a quienes no gustan de la dulzura del conocimiento de Cristo y el encuentro con Él; hacer obras de caridad porque nos sabemos amados por Jesucristo que nos muestra al Padre; renovar la fe verdadera, regalo de nuestro Dios.

Una vez más hay que dar las gracias a Dios por el Papa Benedicto. Su carta para la Cuaresma 2013, en pleno Año de la Fe, es un regalo. Da luz y anima a vivir la vida cristiana con más convicción y mejor disposición. Les pido que lean este Mensaje. Se tardan pocos minutos en leerlo y recibimos ánimo y ganas de vivir, que bien necesitamos en las circunstancia en la que vive nuestro país y lógicamente también la Iglesia, inmersa en esta sociedad alicaída y desanimada por tantos problemas, pero con hombres y mujeres a quienes animar a salir de sí mismo para mejorar y cobrar fuerzas de cara a afrontar el paro, la corrupción, la desidia y las ganas de tirar todo por la borda.

El Papa cita un texto de san Pablo que “muestra la relación entre fe y obras de caridad”, un tema muy importante en la vida del bautizado y del que lo será en esta Pascua: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso Él que practicásemos» (Ef. 2, 8-10). Aquí se percibe, por un lado, que llegamos a ser cristianos porque Dios ha tenido la iniciativa: nos ha dado su perdón, acogido en la fe, su gracia y su amistad. Pero esta iniciativa no nace de nosotros personas muchas veces encogidas, sin libertad, sin iniciativa propia, sin responsabilidad. No, nace de Dios y nos impulsa a ser auténticos y orienta hacia las obras de caridad.

Benedicto XVI descubre con maestría inigualable la relación entre fe y caridad: “entre creer en el Dios de Jesucristo y, el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás”. Estas relaciones entre fe y caridad yo no sabría describirlas, ni de lejos, mejor que el Santo Padre. Lean el Mensaje y compruébenlo. Yo sólo subrayo algún aspecto de este proceso. Nos sentimos amados por Dios, amados en Jesucristo antes de hacerlo nosotros a Él; ese amor llega a nosotros y, cuando nosotros queremos amar en consecuencia a los demás, ese amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro.

El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por ese amor, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo. El “sí” de la fe en nosotros marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Cuando dejamos entonces espacio a Dios en nuestra vida, participamos de su mismo amor y caridad y nos abrimos a los demás en respuesta de amor. Por eso con la fe se entra en la amistad con el Señor, pero con la caridad hacia los demás se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15, 14s).

No podemos separar u oponer fe y caridad como no podemos separar Bautismo y Eucaristía del amor a los demás. Por eso ninguna acción es más benéfica y caritativa hacia el prójimo que partir el Pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios. Lógicamente esto no significa que no tengamos en cuenta la pobreza y la situación de riesgo de los más excluidos. Por eso el Papa afirma algo políticamente incorrecto: “La evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana”. La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre” (cf. Caritas in veritati 8). Ejercitemos este amor de Dios en la Cuaresma que nos prepara a la Pascua.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.