La Cuaresma en el Año de la fe (II)

Mons. Antonio Algora     «La Cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna». Así viene a resumir, en este párrafo, el Papa su Mensaje de este año que él ha proclamado como de la fe.

Partimos en este primer domingo de la necesidad de superar las tentaciones viendo a Jesucristo tentado en el desierto después de cuarenta días de ayuno. Las viejas aspiraciones del ser humano y que se concretan en el afán de riqueza, fama y poder, sabemos que nunca van a llenar el corazón de una felicidad y una paz estable consigo mismo y con los demás. Sacudamos pues el complejo de que la moral cristiana no da respuesta a estas aspiraciones o deseos. Lo más propio nuestro es volver el corazón y el conocimiento a Dios, busquemos en Dios la respuesta y sin tan alejado te crees de Él piensa que tampoco perdemos tanto con buscarle y, en cambio, sí tenemos mucho que ganar.

Dando respuesta a las tentaciones que degradan a la persona y la ponen por debajo de su dignidad declarando absolutos al pan, la fama y el poder, nos encontraremos con Jesucristo y su manera de hacer las cosas declarando que el único absoluto es Dios y no un dios cualquiera, sino el que nos habla nos acoge y nos llena la vida. Nos encontraremos con el Señor resucitado que ha vencido el mal y la muerte. Porque Él es la respuesta que desactiva el poder que tiene la tentación al situar las cosas por encima de las personas. ¿No es acaso esta la tentación en la que estamos inmersos? ¿No tendemos a olvidarnos de las personas y de su dignidad? ¿No estamos pensando en las soluciones que nos va atraer la mano invisible del mercado?

Jesucristo el Hijo de Dios e Hijo del Hombre en solitario, en el más puro desierto, sin más fuerza que sentir hambre y ser Él mismo, anima a su Iglesia que, como nos ha dicho el Papa cuenta con su Palabra, su Presencia en los sacramentos y su Amor a los que andan necesitados por las mil carencias que han caído sobre ellos.

Nuestra confianza en esta Cuaresma del Año de la fe ha de ser la del pequeño rebaño que en la soledad de quien no se sabe querido por los que han hecho de la tentación su modo de vivir y efectivamente desprecian todo lo que no es poder, riqueza y vanidad de ser más. Los católicos sólo tienen su modelo en quien ha vencido las tentaciones de este mundo y sabe dominar la situación por adversa que esta sea. La fe que nos ofrece la seguridad de quien ha vencido, ha resucitado, anda sobre el tiempo y el espacio y nos quiere para anunciar el Evangelio, la Buena Nueva, que trae la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo que anuncia el Año de gracia del Señor.

Pero… «el que esté libre del pecado que tire la primera piedra» nos recuerda el Señor. Nosotros hemos pecado, también nos ha vencido la tentación en sus múltiples versiones y hemos llenado nuestra vida de cosas innecesarias. Hacer un recuento alguno de estos días de las cosas que me rodean, y que maldita la falta que nos hacen, es un buen ejercicio del ayuno cuaresmal, pero no para quedarnos ahí, sino para desprendernos de todo lo que lastra nuestro caminar de pie, ligeros de equipaje. Ciertamente puede ser un buen comienzo cuaresmal dedicarnos al ayuno físico y síquico. Jesucristo está a nuestro lado cuando me lleva de la mano de mi libertad para saber vivir con menos, con mucho menos, en nuestras vidas de occidentales opulentos. Con esto ya estoy rezando, ya estoy haciendo el diálogo imprescindible con quien sé que ha vencido previamente. La limosna es el paso agradecido consecuencia, diría yo, de todo lo anterior. Otros sí que lo necesitan. 

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid.El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe.Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid.El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid.El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año.Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.