Cuaresma: Caridad y Evangelización

Mons. Eusebio Hernández     Queridos hermanos y amigos:

El pasado miércoles comenzábamos el tiempo de Cuaresma con la celebración de la imposición de la ceniza sobre nuestras cabezas como signo de penitencia y con espíritu de conversión. La Cuaresma es un tiempo que tiene una gran importancia en la vida de nuestras comunidades y es bueno que sepamos aprovecharlo para transmitir a muchas personas que en estos días y por diversos motivos -cofradías, actos populares, etc.- se acercan hasta nuestras iglesias, aunque a lo largo del año tal vez no vivan con intensidad su pertenencia a la Iglesia. Que Dios nos dé la sabiduría de saber transmitir el mensaje cristiano con sencillez y que el mismo Señor obre en cada uno de ellos para que descubran el tesoro que la fe les ofrece.

Todos los años el Papa dirige, al comienzo de la Cuaresma, un mensaje que subraya un aspecto de este tiempo para que todos los cristianos pongamos el acento en algunas de las actitudes que nos pueden ayudar, ya no sólo para el tiempo cuaresmal, sino para ir animando distintos aspectos de nuestra fe. Os invito a todos a leerlo y meditarlo a lo largo de estos días de Cuaresma. En este primer domingo de Cuaresma quiero comentar con vosotros algunos de sus aspectos principales.

El mensaje del papa Benedicto en este Año de la Fe está fundamentado en un texto de S. Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4, 16), y como nos dice el Papa: nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.

En su mensaje nos recuerda el Papa su primera Encíclica “Deus caritas est”y nos presenta la fe como respuesta al amor de Dios: En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva… y de esta forma el cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor –«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14) –, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo”.

Nuestra Cuaresma debe ser, por lo tanto, una vuelta a lo que es fundamental de nuestra vida cristiana: la fe y el amor. Obras de caridad que deberemos concretar en cada parroquia, comunidad o grupos cristiano.

Un aspecto importante de la caridad cristiana, que el Papa ha querido subrayar es la transmisión del Evangelio: es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana.

Debemos vivir esta Cuaresma del Año de la Fe en una doble dimensión caritativa. Por una parte, la ayuda y colaboración con todo aquello que sea servicio y respuesta a las necesidades de nuestros hermanos y, por otra parte, con un empeño renovado por todos para intentar llevar el amor de Dios y su Evangelio a todos aquellos que nos rodean. El Evangelio de Cristo cuando llega al corazón de cada ser humano transforma no sólo a la persona sino a la sociedad.

Que sepamos vivir esta Cuaresma en esta doble dimensión y que hagamos nuestra caridad más intensa en las obras de amor, de servicio y en todo lo que ayude para la transmisión del Evangelio.

Con todo afecto, os bendigo.
+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 202 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.