Volver al desierto

Mons. Alfonso Milián    Siempre me ha impresionado la expresión del evangelista san Marcos cuando dice que el Espíritu «empujó» a Jesús al desierto. Vivir en el desierto es muy difícil. No es un lugar apetecible. El desierto es árido, hostil, sin agua ni alimentos, pero es un lugar donde el encuentro con Dios se hace palpable. 

Allí pasó Jesús cuarenta días con sus cuarenta noches y al final sintió hambre. En este contexto los tres evangelios sinópticos narran las tentaciones de Jesús, que son el paradigma de todas las tentaciones que sufre la humanidad a lo largo de su historia:

tentación de derivar el poder en beneficio propio, de buscar el prestigio social con la excusa de hacer el bien, de ambicionar el tener aunque sea vendiendo el alma al diablo, y, sobre todas ellas, la tentación de arrinconar a Dios ante todo lo que nos parece más útil. 

Las noticias sobre corrupción ocupan estos días las portadas de los informativos y están en boca de todos. Afectan particularmente a la clase política, pero podríamos cometer la hipocresía de poner a todos los políticos en el mismo saco, ignorando que entre ellos hay gente honrada que sufre con la corrupción de sus compañeros, y de olvidar la corrupción que existe en otros niveles de la sociedad, porque somos las personas las que decidimos defraudar o actuar con honradez. 

No podemos negar que un clima social corrompido favorece y hace plausibles
las actuaciones corruptas. Hay que reconocer que sufrimos en España una quiebra moral que está desmoralizando al conjunto de la sociedad: parece que todo vale, si produce un beneficio material, y en este contexto Dios se convierte en un estorbo. Como en las tentaciones de Jesús, el tentador intenta sobre todo que dejemos a Dios al margen de nuestra vida.

Los problemas de la crisis económica con sus duras  repercusiones se hacen
mucho más dolorosos cuando se conocen tantos datos de enriquecimientos fraudulentos, y se crea una nube de contaminación que vuelve irrespirable el aire que necesitamos para vivir. Es preciso un rearme moral, un rearme de valores en el que hacer el bien y rechazar el mal sea algo natural y sencillo.

Necesitamos, como hizo Jesús, entrar en el desierto y dejarnos empapar por la presencia de Dios, confiar en El por encima de todo y disponer así nuestro ánimo para poner en práctica como norma de vida lo que Jesús practicó y nos dijo en su Evangelio:

no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti, comparte tus bienes con los que lo necesitan, sé fiel en lo poco y en lo mucho… Esta situación nos está diciendo que es hora de cambiar el “chip”, personal y colectivamente.

No es tolerable que mientras cerca de seis millones de hermanos están sin
trabajo, ocurran las cosas que todos los días se ventilan en las noticias. Hemos de tomar el camino de una regeneración moral. Y, en esta tarea, los cristianos no podemos callar ─ni de palabra ni de obra─ lo que «hemos visto y oído», tal como se explica en el segundo cuadernillo de oración para esta Cuaresma que encontraréis en vuestras parroquias.

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
Acerca de Mons. Alfonso Milián Sorribas 101 Artículos
Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.