Cuaresma y Año de la Fe: Conversión y alegría

Mons. Francesc Pardo i Artigas     Hemos iniciado el tiempo cuaresmal, que culminará con la celebración de la Pascua, pasión, muerte y resurrección del Señor. 

Cada año, la cuaresma adquiere unos acentos prioritarios, ya sea por la situación o experiencia personal, por el momento eclesial, o por la problemática social que afecta a muchos colectivos ciudadanos. 

La cuaresma de este año viene enmarcada por la celebración del Año de la Fe. Ello significa que ha de ser un tiempo precioso para que la primera preocupación sea nuestra fe cristiana. Remarco que sea nuestra primera preocupación, convencido precisamente de que afianzando nuestra fe, ésta se convertirá al mismo tiempo en una conciencia más sensible en lo concerniente a la problemática de las personas y al compromiso por darles respuesta. 

Preocuparnos por afianzar nuestra fe en Jesucristo no nos aleja de las personas: al contrario, nos aproxima a ellas, nos convierte en buenos samaritanos. 

Respecto a la fe, considero que debemos acentuar algunas actitudes. Se trata de la conversión que nos exige la cuaresma. El pasado miércoles, miércoles de ceniza, en la imposición se nos decía: “Conviértete y cree en el Evangelio”. 

¿Qué prioridades deseo subrayar este año en nuestra conversión? 

         La conversión a la alegría de la fe, a la dicha de creer. 

El mensaje que el Papa Benedicto XVI, envió con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud del año 2012, celebrada en cada diócesis, consistía en una reflexión sobre la alegría, los caminos para vivirla y ser sus testimonios. Tomé algunas notas que os comento. 

         Nuestro corazón está hecho para la alegría. 

La aspiración a la alegría está gravada en nuestro ser humano más íntimo. Saboreando algunas muestras de satisfacciones más inmediatas y pasajeras, nuestro corazón busca la alegría más plena y perdurable que dé buen gusto a toda nuestra vida. Es cierto que el Señor nos ofrece cada día un buen número de sencillas alegrías: la de vivir, la derivada de la contemplación de la naturaleza, la de sentirse estimado y valorado, la del trabajo bien hecho, la de prestar un servicio, la de momentos entrañables en la vida familiar, la de la compañía amistosa, la del ejercicio de las capacidades personales, proyectos de futuro, la del gozo de un viaje… También nos proporciona alegría la lectura de un libro, la admiración de obras de arte, escuchar música, ver una película. 

Pero, es igualmente cierto, que cada día tenemos que afrontar dificultades, desde la preocupación por el trabajo, los pocos recursos para vivir cada mes, las incomprensiones familiares, la desesperación ante la imposibilidad de hallar un puesto de trabajo, hasta llegar a la convicción que no lo lograremos, problemas de salud…Todo ello nos hace desear la alegría plena, pero también nos hace dudar si se trata de una ilusión o una huída de la realidad.  

         Dios es la fuente de la verdadera alegría. 

De hecho, las auténticas alegrías, sean pequeños o no tan pequeñas, tienen su origen en Dios, aunque no lo parezca, porque Dios es la alegría infinita se contagia a aquellos que Él ama y que le estiman. Dios quiere que participemos de su alegría con una acogida incondicional, que significa que Dios me ama personalmente. 

Este amor de Dios para cada uno de nosotros se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Jesús produce siempre una gran alegría. Lo podemos comprobar en muchas narraciones evangélicas. Incluso en los últimos momentos de su vida, durante la cena con sus amigos, les dice: “Os digo todo esto para que mi alegría sea también la vuestra”. 

Se trata de la alegría de la salvación que nos ofrece Jesucristo, que podemos acoger y saborear como un don del Espíritu Santo.

Cuaresma es conversión: conversión a Jesucristo y, por ello, a la verdadera alegría. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 357 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.