Ante la renuncia del Papa Benedicto XVI

Mons. Julián López    Queridos diocesanos: esta mañana nos ha sorprendido a todos la noticia dada por el Propio Santo Padre de su renuncia al ministerio de Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal, que se hará efectiva el día 28 de este mes a las 20 horas.

Pasada esta primera sorpresa sólo cabe acoger con amor y obediencia, incluso con ternura, esta decisión comunicada con toda serenidad en el curso de un Consistorio público ordinario o reunión de los Cardenales presentes en Roma.

Se trata de un hecho previsto en el ordenamiento canónico de la Iglesia  (canon 332, 2), pero que solamente se había producido hasta ahora en tres ocasiones por los Papas Benedicto IX (1032), San Celestino V (1294) y Gregorio XII (1515). Del beato Juan Pablo II se dice que lo pensó también. Personalmente yo he recordado el momento en que el siervo de Dios Pablo VI, durante el Concilio Vaticano II, renunció al uso de la tiara como signo de sencillez evangélica depositándola sobre el altar de la basílica de San Pedro. Del mismo modo veo en este gesto de Benedicto XVI la libertad interior y el desapego de quien, desde el momento de su elección, se presentó como un “humilde obrero de la viña del Señor”.

Merece la pena considerar atentamente las propias palabras del Papa: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando”. Él mismo ha contado cómo, antes de ser elegido, esperaba tener por fin paz y tranquilidad, de manera que verse de pronto frente a la formidable tarea de Sucesor de Pedro, fue una especie de shock para él. Entonces se puso en las manos de Dios y acogió su voluntad.

Hoy la ha acogido también, sin duda, porque Dios sabe cómo manifestar lo que espera de sus hijos. Por eso os invito a todos a que abriguéis sentimientos de profunda gratitud hacia el Señor por el ministerio del Papa Benedicto XVI, riquísimo en doctrina, valiente en decisiones y fecundo como sólo Dios sabe y la historia reconocerá.

Pero debemos también análoga gratitud hacia el todavía Sumo Pontífice. Oremos por él para que el Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María -hoy es la fiesta de Ntra. Señora de Lourdes- le conceda la paz y tranquilidad a la que tiene también derecho. Realmente su ejemplo es valioso también para quienes llegan al límite de la edad o de las fuerzas en tareas no tan decisivas para la Iglesia.

Tenemos los leoneses una deuda de cariño con Benedicto XVI. Siempre que tuve la oportunidad de saludarle, al presentarme como obispo de León, me decía espontáneamente: “León, la hermosa catedral”. Gracias, querido Santo Padre.

Por último quiero anunciaros que el día 25 de febrero, fiesta de la cátedra de San Pedro, celebraremos una Santa Misa de acción de gracias al Señor por el ministerio de Benedicto XVI y pidiendo por su amada persona. Oportunamente se dará a conocer la hora.

+ Julián López,

 Obispo de León

Mons. Julián López
Acerca de Mons. Julián López 146 Articles
Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma.Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968.CARGOS PASTORALESFue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984.Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983).Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993).Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989).El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril.El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede.En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella