No hay justicia sin igualdad. Manos Unidas

Mons. Demetrio Fernández       Manos Unidas vuelve otro año para sensibilizarnos en la solidaridad que nace de la caridad cristiana, es decir, en la solidaridad que tiene como fundamento la fe en Dios y en la dignidad humana, porque toda persona humana está llamada a ser hijo/a de Dios, a participar de los bienes de la Casa de Dios, a compartir los bienes de una sociedad más justa. Manos Unidas es una ONG de la Iglesia Católica, y trabaja para erradicar el hambre en el mundo desde una visión cristiana del mundo y de la persona. El Año de la fe también nos interpela en este campo de la caridad social. La Campaña de Manos Unidas adquiere su punto culminante en la colecta litúrgica que presentamos en la Misa del domingo segundo de febrero, el día 10. El fruto de nuestro ayuno lo ponemos “a los pies de los apóstoles” (Hech 4,35), como hacía la primera comunidad cuando uno se
desprendía de sus bienes y los entregaba a los apóstoles. Nosotros ahora, para remediar con esa generosa contribución el hambre en el mundo.

Este año Manos Unidas nos propone un lema “No hay justicia sin igualdad”, dentro de los Objetivos del Milenio para erradicar la pobreza en el mundo. Es un lema que puede leerse desde distintas perspectivas. La perspectiva de Manos Unidas, que contribuye notablemente a la educación y al progreso de la sociedad, es una perspectiva cristiana.

Dios ha creado al hombre, varón y mujer (Gn 1,27), iguales en dignidad, distintos y complementarios, a imagen de Dios y para llegar a ser semejanza suya.

En esta igualdad querida por Dios e inscrita en la naturaleza humana, la mujer está menos valorada a lo largo de la historia y a día de hoy. La igualdad que Dios propone consiste en promover esa igualdad, que coloque a la mujer en igualdad de condiciones para  acceder  a  la  cultura,  al  trabajo,  a  la  sociedad  en  todos  sus  aspectos,  al reconocimiento de todos sus derechos. La igualdad no significa borrar toda diferencia entre varón y mujer, que  enriquece la sociedad, haciendo a los dos complementarios según el proyecto de Dios. Ese igualitarismo rompería la armonía de la creación y la ecología social. La igualdad que brota de la visión cristiana dignifica a la mujer. Más
aún, sitúa a la mujer como especialmente protagonista de este desarrollo.
El fin de Manos Unidas es la lucha contra el hambre, la miseria, la enfermedad, el subdesarrollo, la falta de instrucción y las causas que las producen. Acabar con la desigualdad  y  favorecer  que  las  mujeres  tengan  capacidad  para  encauzar responsablemente sus vidas, son cuestiones fundamentales en las que hay que incidir, entre otras razones, porque de ellas depende que consigamos erradicar la pobreza. La promoción de la mujer es un objetivo prioritario  de Manos Unidas; ella es agente fundamental de desarrollo, familiar y social, y juega un papel decisivo en el ámbito económico. La desigualdad que padece, el hecho de que se le impida el ejercicio de
tantos derechos, aumenta la pobreza y la inseguridad alimentaria en el mundo.

Agradezco de corazón a tantas personas que trabajan en Manos Unidas en la diócesis de Córdoba, no sólo en los servicios diocesanos desde la ciudad, sino en todas y cada una de las parroquias, donde al realizar la Visita pastoral me encuentro siempre con la delegada parroquial. Son multitud de iniciativas, que brotan de la parroquia e implican a todo el vecindario con el objetivo de recaudar fondos para los fines de Manos Unidas: rastrillos, rifas, tómbolas, cenas del hambre, venta de dulces u otros objetos regalados, colectas, que desembocan en la colecta litúrgica del domingo, para hacer de todo ese
esfuerzo una ofrenda sagrada al Señor. Se trata de toda una movida, que protagonizan las mujeres de la parroquia y en la que colaboran todo tipo de personas. Esa acción por sí misma va educando a todos en la solidaridad cristiana para que cada año se cumpla la Campaña propuesta. La fe y la caridad que brota de ella no nos aparta de la justicia, sino que la promueve. Este año, trabajamos todos con Manos Unidas para que la igualdad
llegue a todas las mujeres del mundo, tantas veces explotadas, y sean reconocidos sus derechos. “No hay justicia sin igualdad”.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
Acerca de Mons. Demetrio Fernández 312 Articles
Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.