Manos Unidas en el Año de la Fe

Mons. Ángel Rubio     La Jornada de Manos Unidas se celebra este año bajo el lema “no hay justicia sin igualdad”. Manos Unidas desde el año de su fundación (1960) nos invita a todos al compromiso social con los más desfavorecidos del planeta por medio de sus campañas de sensibilización y su apoyo económico a proyectos de desarrollo.

Manos Unidas quiere ser una respuesta cristiana al sufrimiento actual. Si estudiamos la realidad sociológica, constatamos que la gran mayoría de los sufrimientos humanos están generados por la maldad e irresponsabilidad de los hombres. Son millones y millones las personas que sufren y mueren por miserias y enfermedades derivadas de la injusticia e insolidaridad. Las peores tragedias humanas, como el hambre, el sida, la malaria, las migraciones, los refugiados… podrían superarse si el hombre fuera verdaderamente humano. Se puede acabar con el hambre afirma Benedicto XVI “no es una fatalidad, basta querer. Hay recursos y conocimientos suficientes” (Mensaje a la FAO, junio 2008)

El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad y el amor. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1Cor 13,13). Con palabras aún más fuertes –que siempre atañen a los cristianos– el apóstol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”» (St 2,14-18).

La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin la fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40); estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace presente nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2P 3,13).

Las situaciones más dramáticas continúan estando en países africanos, sobre todo los afectados por conflictos: Etiopía, Eritrea, Burundi y la R.D. del Congo, donde ni siquiera se puede calcular el índice de pobreza por falta de datos fiables. Haití es el único país latinoamericano entre los diez peores del mundo, con un índice de 30 puntos. Vienen luego Guatemala (12,7), Bolivia (12,3), Nicaragua (9,1), Honduras (7,7), Ecuador (7,5) y Perú (7,4). En el otro extremo, Brasil, México, Jamaica y Nicaragua están entre los países que más han progresado en la lucha contra el hambre en el mundo. En cambio, en Costa de Marfil, Corea del Norte y Burundi la situación ha empeorado.

Según estas cifras, el hambre no tiene que ver con la disponibilidad de alimentos, sino con la posibilidad de que la gente pobre acceda a ellos. Manos Unidas, admirablemente y digna de todo encomio por trabajar con fe y caridad en favor de sus hijos más necesitados. Es un ejemplo de servicios desinteresado que contribuye a que mañana haya menos hombres y mujeres en el mundo que están pasando por una desgracia tan grande como es la de no tener para ellos y para su familia el pan de cada día.

La situación de crisis genera en muchas personas sentimientos de malestar y de desencanto, de irritación y de rechazo ante unas instituciones sociales y políticas que, aun disponiendo de tantos medios económicos y técnicos, no han sido capaces de ordenar la vida en común de un modo verdaderamente justo y humano. Los jóvenes sufren de un modo muy intenso los efectos de la crisis y se ven afectados por la falta de trabajo en porcentajes difíciles de soportar. Es éste uno de los aspectos más dolorosos y preocupantes de la actual situación. Sin embargo, el malestar social y político debería ser para todos un reclamo a la búsqueda sincera del bien común y al trabajo por construirlo entre todos. Nadie se debería sentirse ajeno, ni las personas, ni los grupos sociales, económicos o políticos.

“No hay justicia sin igualdad”. La Iglesia —Manos Unidas— no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar.

Será siempre necesario el amor, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo. Manos Unidas es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu. Se necesitan hombres y mujeres con ejemplar entusiasmo para servir a los demás, con proyectos y realizaciones que generen más justicia e igualdad.

+ Ángel Rubio Castro

 Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca.CARGOS PASTORALESTanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004.El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año.El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor.Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.