A propósito de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y de la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo

Mons. Manuel Ureña    Mañana lunes, día 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora la Virgen de Lourdes, Su Santidad el Papa Benedicto XVI nos ha convocado a celebrar la XXI Jornada Mundial del Enfermo. 

Nosotros responderemos litúrgicamente a esta llamada mediante la participación en la Santa Misa con los enfermos, que tendrá lugar a las cinco y media de la tarde en la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar. 

Como nos recuerda el Santo Padre, con palabras del Papa Beato Juan-Pablo II, en su Mensaje de este año, la fecha del 11 de febrero constituye “un momento fuerte de oración, de participación y de ofrenda del sufrimiento para bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcamos en el rostro del hermano enfermo la santa faz de Cristo, quien, sufriendo, muriendo y resucitando, llevó a cabo la salvación de la humanidad”. Esta es la razón de ser de la presente Jornada y esto es lo que se nos concede vivir por gracia de Dios. 

Los enfermos y sus familias, los ancianos más o menos dependientes, están siempre con nosotros. Pero, tal vez por esa excesiva y constante inmediatez, pueden hacerse invisibles a nuestros ojos y a nuestro corazón. De ahí que días como este nos saquen de nuestra distracción y nos permitan verles y amarles desde el Corazón de Jesús. Este año, el Santo Padre nos invita a contemplar la figura emblemática del Buen Samaritano y, a su luz, poner en práctica una llamada profundamente evangélica: “Hacer el bien al que sufre y hacer el bien con el propio sufrimiento”. 

Hacer el bien a quien sufre. Sufren los enfermos y, con ellos, sus familiares más cercanos, que no siempre son suficientemente atendidos. Sufren los ancianos que creen no valer ya para nada y ser sólo una carga. Pero no es así cuando viven su vejez unidos a Cristo. Sin embargo, ¡cuánta soledad y cuántos maltratos padecen en silencio no pocos de ellos! En modo alguno podemos permanecer ajenos a ese sufrimiento. Sufren también los que curan y cuidan a los enfermos en estos tiempos de desconcierto moral y de dificultades económicas. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento y nuestra acción de gracias. Dios les recompensará como sólo Él sabe y puede hacerlo. 

Hacer el bien a cada uno de estos hermanos nuestros verifica y acredita la verdad de nuestra fe en Cristo y hace posible que se muestre el verdadero rostro de la Iglesia. Así, al ver a Cristo presente en su Iglesia y experimentar su amor, los hombres podrán creer en Él y recibir la salvación y la vida divina. Así viviremos la nueva evangelización para la transmisión de la fe. 

Hacer el bien con el propio sufrimiento y ofrecerlo por amor, con Cristo, al Padre para la salvación del mundo. Esta es la tarea. Así lo pedimos en la oración litúrgica: “Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo, para que de esta forma tengan también parte en su consuelo”. El sacrificio redentor de Cristo se actualiza en la celebración de la Eucaristía. También el Espíritu Santo lo actualiza en la vida de quien vive el sufrimiento en unión con Cristo. Participando en su dar la vida por amor, participan en su fecundidad. 

Todo cristiano ha de ser buen samaritano. Y ¿cómo hacerlo? Claramente nos lo dice el Santo Padre en su Mensaje de este año: “Se trata de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y en el espíritu. (…) Esto no sólo vale para los agentes pastorales y sanitarios, sino para todos, también para el mismo enfermo, que puede vivir su propia condición en una perspectiva de fe, (…)  mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”. 

El Año de la fe es, sin duda, una ocasión propicia para intensificar la diaconía de la caridad en nuestras comunidades eclesiales, de modo que cada uno de nosotros sea un buen samaritano de los demás, de aquellos que están a nuestro lado.

† Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.