Cuaresma, tiempo de encuentro

Mons. Alfonso Milián       El próximo miércoles, con el rito de la imposición de ceniza, comenzaremos la Cuaresma. El sacerdote, al derramar la ceniza sobre nuestras cabezas, dirá: Convertíos y creed en el Evangelio. En este Año de la fe, la permanente invitación a ahondar en la conversión viene apoyada por las palabras del Papa cuando en su carta Porta fidei dice: «El Año de la fe es una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador». Y esta conversión no pasa tanto por unas prácticas penitenciales cuanto por «creer en el
Evangelio».

Convertirse es abrir el corazón a nuestro Dios, que es bondad, ternura y amor. Es dejar que Dios, con la fuerza de su amor, renueve totalmente nuestro interior hasta que podamos tener un corazón puro y vivir en la profunda alegría de la comunión con él y con los hermanos. Jesús nos recuerda las tres prácticas penitenciales más comunes entre los judíos para que en los cuarenta días que tenemos por delante ahondemos en nuestras relaciones con los demás (limosna), con Dios (oración) y con uno mismo (ayuno).

Estoy convencido de que, durante este tiempo de crisis que estamos viviendo,
vamos aprendiendo a compartir con un corazón generoso y solidario, al ver cómo aumentan los parados, los desahucios, los jóvenes que no encuentran trabajo, las personas dependientes, el hambre en algunas familias… Y aún cabe preguntarnos si podemos compartir algo más. Es la pregunta que, a lo largo de esta Cuaresma, Dios nos hace en el secreto de nuestro corazón. Cada cual conoce sus posibilidades, sus necesidades y su generosidad. 

En Jesús, la oración, su relación con el Padre, era constante y vivida con
intensidad. Al verlo rezar, los apóstoles quedaron impresionados y le pidieron que les enseñara a orar. Jesús, como sabemos, nos enseñó el Padre nuestro.

En esta Cuaresma, os invito también a saborear esta preciosa oración, a rezarla despacio y con atención. Si lo hacemos así, experimentaremos la ternura y la paz del Padre en nuestro corazón, y su invitación a reconocernos mutuamente como hermanos. 

Jesús también nos dice que ayunemos. El ayuno ha sido una práctica ascética
tanto en el pueblo israelita como en la Iglesia. Lejos de cualquier motivación estética, la privación voluntaria del alimento tonifica nuestro ánimo para estar disponible a acoger las llamadas de Dios y las demandas de los hermanos. 

Estas tres prácticas cuaresmales son un buen camino para allanar el camino del encuentro con Jesús. El encuentro personal con Jesucristo es fundamental para llegar a creer. Lo ha subrayado con fuerza el papa Benedicto XVI, tal como se recuerda en los folletos diocesanos para animar la oración durante  la Cuaresma, que encontraréis en vuestras parroquias.

La conversión es fruto de este encuentro. Así se percibe en el encuentro de la
samaritana con Jesús junto al pozo de Jacob, tal como nos narra el evangelista san Juan.

Aquella mujer, al principio recelosa, alcanzó la alegría de encontrar al Mesías y corrió al pueblo a contárselo a sus vecinos. Compartamos también nosotros el gozo de habernos encontrado con Jesús para que otros puedan gozar de esta misma experiencia.

La Cuaresma es un tiempo oportuno.

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
Acerca de Mons. Alfonso Milián Sorribas 101 Artículos
Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.