Comprometidos por la justicia y la igualdad

Mons. Gregorio Martínez   Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo: 

Con la vitalidad creativa que caracteriza a Manos Unidas, esta Organización Católica para el Desarrollo se dispone a emprender una nueva Campaña anual por la que desplegar sus objetivos, inspirados del humanismo cristiano, en los que plasma la fe en Dios Creador amoroso y providente que la ha suscitado y la sustenta.

Para este año Manos Unidas ha escogido este lema: “No hay Justicia sin Igualdad”, con el cual quiere incidir en el trabajo para el establecimiento de la justicia a favor de todos los hombres, y para ello afirma que se requiere como condición indispensable el reconocimiento activo de la igualdad de mujeres y hombres. 

Bien sabemos que este derecho humano fundamental, la igualdad en la dignidad de los hombres y las mujeres, incluyendo su diferencia y complementariedad, constituye una afirmación universalmente aceptada y reconocida en este tiempo, aunque esto no conlleva que efectiva y continuadamente sea promovido, custodiado y respetado. Así todavía son abundantes las actuaciones personales y los contextos sociales en los que se practican discriminaciones injustas, incluso vejatorias, contra las mujeres. Esto lo reflejan los hechos siguientes: persiste la violencia física y psicológica contra las mujeres; son discriminadas a nivel de la asistencia sanitaria y de la alimentación; no se respeta su libertad al no serles reconocida su capacidad para tomar decisiones con relación a su vida personal, familiar y profesional; respecto a la educación: dos terceras partes de las personas analfabetas del mundo son mujeres, lo cual es reflejo de la diferencia en el porcentaje de escolarización de niños y niñas en diversos lugares; o la escasa participación femenina en las responsabilidades públicas en algunas sociedades. 

Por todo ello, bien podemos afirmar que existe aún una gran desigualdad entre los hombres y las mujeres con lo cual se entorpece el camino para que se avance en el anhelo de progreso que anida en todas las personas, y esto conlleva que la justicia sea todavía un bien que escasea o se vulnera en abundantes circunstancias y grupos sociales. 

Conviene que conozcamos las diversas causas que provocan las desigualdades y discriminaciones hacia las mujeres, como son: la pobreza y el hambre por los desplazamientos; el analfabetismo motivado por la no escolarización de muchas niñas; las enfermedades y las carencias de atención durante la gestación y el alumbramiento de sus hijos; las diversas formas de violencia sexual hacia las mujeres por los hombres; la pervivencia del matrimonio infantil y la maternidad prematura; la dificultad para acceder a la propiedad y al crédito por parte de las mujeres; la desventaja en el acceso al trabajo remunerado y las distintas condiciones laborales respecto de los hombres; las dificultades de las mujeres que se dedican a la agricultura para recibir la información y los servicios que les ayudarían a acrecentar su producción; la persistencia de sociedades y culturas que mantienen actitudes y costumbres machistas en las que las mujeres están bajo la preponderancia de los hombres y no se les permite desarrollar una vida en libertad, ni participar con responsabilidad en la propia familia y sociedad. 

Aunque este panorama sombrío no le lleva a Manos Unidas a desalentarse en su propósito firme y noble por continuar trabajando en bien de la justicia, ya que está convencida que esta desigualdad entre mujeres y hombres aún vigente, puede ser transformada en auténtica igualdad basada en la misma dignidad que ambos poseen. 

Para ello esta Organización católica fija su atención en el primigenio designio de Dios, tal como nos lo revela la Sagrada Escritura: “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). A partir de esta afirmación la fe cristiana reconoce la igualdad de origen y destino del hombre y de la mujer. O sea, que todos los hombres y las mujeres están ennoblecidos por idéntica dignidad y responsabilidad, de modo que sólo fomentando, promoviendo y desplegando la igualdad en la complementariedad recíproca de los hombres y las mujeres se desarrolla el proyecto de Dios, el cual quiere y reclama la justicia para el conjunto de la humanidad. 

Así, la defensa de la igualdad, la dignidad y la responsabilidad de las mujeres constituye uno de los distintivos de la extensa labor que Manos Unidas ha ido realizando, y que con esta Campaña pretende hacer hincapié, de modo que sus proyectos y acciones buscan contribuir a que se vaya avanzando en este noble objetivo. 

Como una prueba de este convencido compromiso de Manos Unidas a favor de la progresiva implantación de la justicia a través de la erradicación de las desigualdades contra las mujeres nos presenta diversos proyectos con los que pretende: por un lado, concienciar a nuestra sociedad para que conozca y haga frente a estas injusticias. 

Y por otro, Manos Unidas se compromete a que se lleven a cabo, entre otras muchas, estas acciones, en todas las cuales resalta su convicción de dar prioridad a la educación: En Calcuta (India) apoyando un proyecto para luchar contra el tráfico sexual y la explotación laboral que sufren mujeres y niñas de esta región que beneficiaría a unas 800 mujeres. En Honduras colaborando con un organismo diocesano en una iniciativa para la prevención de la violencia contra la mujer y el apoyo a sus víctimas, que promueve la igualdad entre hombres y mujeres, la ayuda especializada y la mediación familiar. Y en Etiopía, en una zona de escasa productividad agrícola y bajo nivel cultural, donde la mujer es víctima de diversas discriminaciones, cooperando para que la diócesis de Nekempe desarrolle un proyecto de sensibilidad sobre la igualdad y la dignidad de la mujer y desarrolle su alfabetización y su formación con vistas a la creación de cooperativas para elevar el nivel cultural y económico de las familias. 

Podemos comprobar que el llamamiento a adherirnos a su Campaña que Manos Unidas nos dirige tiene firmes razones para que lo acojamos, de modo que está esperando que todos los cristianos asumamos y vivamos el mismo dinamismo que moviliza cuantos la integran y colaboran con ella: comprometerse por la justicia y la igualdad impulsados por la fe en Dios. Así, reconociendo que Dios es eternamente justo con todas sus criaturas y que nos reclama, a todos los hombres y mujeres, que implantemos la justicia sembrada por Cristo, nos sentimos comprometidos a extender la justicia con las personas a las que aún no se les permite ni se les posibilita que vivan en igualdad su dignidad humana. Por ello me atrevo a exhortaros a todos a que hagamos nuestro el compromiso de Manos Unidas, colaborando con generosidad en las diversas acciones que quiere promover entre nosotros para alcanzar sus objetivos.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

 

 

 

Acerca de Mons. Gregorio Martínez Sacristán 15 Artículos
D. Gregorio Martínez Sacristán nace en Villarejo de Salvanés, en la provincia de Madrid y Diócesis de Alcalá de Henares. Se formó en el Seminario Mayor de Madrid y fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1971. Es licenciado en Teología, con especialización en Catequética, por el Instituto Católico de París, donde cursó estudios de 1974 a 1976. Cargos pastorales Su ministerio sacerdotal ha estado vinculado a la Diócesis de Madrid. La parroquia del pueblo madrileño de Colmenar de Oreja fue su primer destino. Estuvo como coadjutor entre 1971 y 1974. Tras un paréntesis de dos años para cursar estudios en París, regresó a España. Ese mismo año, 1976, fue nombrado coadjutor de la parroquia de Santa Eugenia, donde permaneció hasta 1978, y responsable del Departamento para los Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis, cargo que desempeñó hasta el año 1982. Mientras, durante el año 1978, fue capellán del Hospital Beata María Ana de Jesús. También ha sido, de 1988 a 1995, director del Instituto de Teología a distancia; colaborador en la parroquia de San Vicente Ferrer, de 1983 a 2002; y miembro y relator del III Sínodo diocesano de Madrid, durante el año 2005. Desde el año 1995, es delegado diocesano de Catequesis; profesor de Catequética en la Facultad de Teología San Dámaso; colaborador en la parroquia de San Ginés de Madrid, desde 2002; y miembro del Consejo Presbiteral, desde el año 2003. El 15 de diciembre de 2006 fue nombrado Obispo de Zamora y tomó posesión de la Diócesis el 4 de febrero de 2007. Otros datos de interés En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2008 a 2011. Desde este último año es miembro de la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural