Vivir la Cuaresma

Mons. Julián Ruiz Martorell      Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.    El Tiempo Ordinario de este año litúrgico se interrumpe con la llegada del miércoles de Ceniza, que nos introduce en la gran experiencia de la Cuaresma.

La conversión del corazón a Dios es la dimensión fundamental del tiempo de gracia que vamos a comenzar. Cuaresma es un itinerario litúrgico y espiritual en el que destacan tres prácticas fundamentales, que nos ayudan a realizar una auténtica renovación interior y comunitaria: la limosna, la oración y el ayuno. 

 Las obras de caridad, la plegaria asidua y la penitencia producen abundantes frutos. La limosna ha de ser discreta, oculta, humilde, generosa. Es preciso que la oración sea perseverante, vigilante, sincera, fervorosa, profunda. El ayuno cristiano es siempre fraterno y solidario, y nos permite vivir con gozo la sobriedad como estilo de vida, y el compartir nuestros bienes como distintivo de nuestra adhesión al Señor. 

La Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno y oración que el Señor vivió en el desierto antes de comenzar su misión pública. Lo mismo que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley, o que Elías antes de encontrar a Dios en el monte Horeb, Jesús oró y ayunó prolongadamente.
 San Juan Crisóstomo escribió:  “Del mismo modo que, al final del invierno, cuando vuelve la primavera, el navegante arrastra hasta el mar su nave, el soldado limpia sus armas y entrena su caballo para el combate, el agricultor afila la hoz, el peregrino fortalecido se dispone al largo viaje y el atleta se despoja de sus vestiduras y se prepara para la competición; así también nosotros, al inicio de este ayuno, casi al volver una primavera espiritual, limpiamos las armas como los soldados; afilamos la hoz como los agricultores; como los marineros disponemos la nave de nuestro espíritu para afrontar las olas de las pasiones absurdas; como peregrinos reanudamos el viaje hacia el cielo; y como atletas nos preparamos para la competición despojándonos de todo” (Homilías al pueblo de Antioquía, 3).

Entramos en un austero clima cuaresmal que nos permite redescubrir, agradecer y vivir el don de la fe que recibimos con el Bautismo y nos impulsa a acercarnos al sacramento de la Reconciliación, situando nuestro esfuerzo de conversión bajo el signo de la misericordia divina. 

En la Cuaresma profundizamos en el sentido profundo del sacramento de la Eucaristía para destacar su relación con el amor cristiano, tanto respecto a Dios como al prójimo. En la Eucaristía Jesús no da “algo”, sino que se da a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su sangre. Entrega toda su vida manifestando la fuente originaria del amor divino. De la Eucaristía brota el servicio de la caridad para con el prójimo.

Toda la Cuaresma es un camino hacia el encuentro con Cristo, hacia la inmersión en Cristo y a la renovación de la vida en Cristo. Todo ello es consecuencia de la acción del Padre en nosotros, a través del Espíritu Santo.
La Cuaresma nos invita a un entrenamiento espiritual para crecer en la caridad y en el anuncio y testimonio de Cristo, en cuyo nombre está la vida verdadera.

Hemos de vivir la Cuaresma del Año de la fe como “una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo” (Porta fidei, 6).      

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell

Obispo de Huesca y Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.