“Manifestación del Amor de Dios”

 Mons. Juan José Omella      En estos tiempos modernos en los que todo se pone en cuestión, mucha gente se pregunta qué hacen los religiosos, las personas consagradas en nuestro mundo, qué misión tienen y si lo que hacen no lo podrían hacer los seglares.

Cuando se pierde la mirada de fe, cuando los ojos no ven más allá de lo material, de lo que produce beneficio o placer, difícilmente se llega a entender qué es la vida de los consagrados. 

El Beato Juan Pablo II dice bellamente en la Exhortación Pastoral “Vita Consecrata” que “antes que en las obras exteriores, la misión de los consagrados es hacer presente a Cristo en este mundo mediante el testimonio personal. ¡Este es el reto, éste es el quehacer principal de la vida consagrada! Cuánto más se dejan conformar a Cristo, más lo hace presente y operante en el mundo para la salvación de los hombres” . 

Lo principal no es que den clases o que atiendan a los ancianos en las residencias; eso es importante y necesario, pero lo primero y principal es que sus vidas se conformen más y más a Cristo pobre, virgen y obediente. Y que, con humildad y sencillez, trasparenten el amor de Cristo, que sean manifestación de su bondad.

Los consagrados tienen que dejar el sitio libre, aceptar ser pobres. Renunciar a todo lo pasado, a lo que les daba prestigio. Renunciar incluso al peso de sus faltas. No ver más que la gloria del Señor y dejar que les irradie. Dios existe y eso les basta. Entonces la vida se volverá ligera para ellos, no se sentirá ya a sí misma ni se preocuparán por su identidad. Los otros, los recogidos y abrazados en los caminos, aquellos a quienes quieren servir, les revelarán el verdadero rostro de Dios, le enseñarán quién es. Y se sentirán plenamente desarrollados y felices. Habrán abandonado toda inquietud y su deseo de perfección se habrá cambiado en un simple y sencillo querer de Dios.

Así veneramos y amamos a los consagrados, eso espera de ellos la comunidad cristiana. Deseamos de todo corazón que reflejen la bondad de Dios y su cercanía. Que sean como estrellas en el firmamento sembrando esperanza y gozo de vivir, siendo manos de ternura, palabra que ilumine y dé firmeza a nuestro caminar en medio de las incertidumbres y del dolor de nuestro mundo. Que nos ayuden a avivar nuestra fe, especialmente en este Año de la Fe. 

Queridos religiosos y personas consagradas: Gracias por vuestra entrega a Dios. Gracias por desviviros por los chavales en los colegios, por atender a los ancianos en las residencias, por trabajar con los más pobres y necesitados. Agradecemos vuestra entrega y os felicitamos por ello. Pero no olvidéis que lo que esperamos de vosotros es, ante todo y sobre todo, que seáis fieles trasparencias del amor misericordioso de Dios. No esperamos de vosotros que os identifiquéis con los criterios de este mundo, sino que seáis antorchas que iluminen el camino que conduce a Dios desde vuestra vivencia interior, desde vuestra unión personal e íntima con Él.

Sabemos que eso es lo que os mueve. Os animamos a seguir en este camino y contad con nuestro aprecio y oración por vosotros, espacialmente en este día de la Vida Consagrada. 

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.