La Vida Consagrada en el Año de la Fe: Signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo

Mons. Carlos Escribano     Desde 1997, y por iniciativa del Beato Juan Pablo II, se celebra en la Iglesia el día 2 de Febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. El lema elegido para esta jornada, en el Año de la Fe, se refiere a la vida consagrada como signo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Estas palabras propuestas por Benedicto XVI en la Porta Fidei (nº 15), se convierten en una llamada para evangelizar el mundo de hoy pues este “necesita de manera especial el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin”.

La presencia de Cristo resucitado en el mundo y nuestra fe en Él, que es el núcleo de la evangelización, se convierte a su vez en lo que da sentido a la Vida Consagrada. “En realidad, una vida consagrada, una vida consagrada a Dios mediante Cristo, en la Iglesia sólo tiene sentido precisamente a partir de esta fe, de esta profesión de fe en Jesucristo, el Mediador único y definitivo. Sólo tiene sentido si Él es verdaderamente mediador entre Dios y nosotros; de lo contrario, se trataría sólo de una forma de sublimación o de evasión. Si Cristo no fuera verdaderamente Dios, y no fuera, al mismo tiempo, plenamente hombre, la vida cristiana en cuanto tal no tendría fundamento, y de forma muy especial no lo tendría cualquier consagración cristiana del hombre y de la mujer. La vida consagrada, en efecto, testimonia y expresa “con fuerza” precisamente que Dios y el hombre se buscan mutuamente, que el amor los atrae”. (Benedicto XVI, Homilía en las Vísperas del 2-2 2010)

Queridos religiosos y religiosas, de vida activa y contemplativa, vuestra fe y vuestro testimonio devida consagrada nos remite constantemente a Dios y nos anima al seguimiento de Jesús. Vivís totalmente para Dios y anticipáis, en vuestra forma radical de vivir el bautismo y la vocación que Dios os ha entregado, la soberanía suprema de Dios y el destino último al que estamos llamados. Éste es precisamente el contenido del mensaje cristiano que se debe subrayar en tiempos de evangelización, porque eso es lo que más directamente nos sitúa ante la llamada de la fe: para invitar a creer hay que situar a los hombres ante la inminencia de Dios y de la vida eterna, como recordábamos al principio.

Gracias queridos consagrados de la diócesis de Teruel y Albarracín, os animo a que os convirtáis en signos vivientes del Evangelio de Jesús, continuadores de su vida y de su proclamación real del Reino de Dios. Gracias por vuestra vida orante, por tener a la austeridad y a la pobreza como compañeras de camino, por vuestra vida comunitaria y fraterna y por el testimonio de vuestra virginidad, signo de un amor que se da a todos sin reservas. Gracias por buscar siempre la voluntad de Dios, por vuestroamor yservicio a los más pobres ynecesitados. Todo ello se convierte en una proclamación viviente del Evangelio que fortalece la credibilidad de la Iglesia y nos ayuda a prepararnos de manera sincera y efectiva para un afrontar la evangelización, conforme nos anima nuestro Plan diocesano de Pastoral.

 + Carlos Escribano Subías,
 Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.