Convertidos desde el Islam (III)

Mons. Agustí Cortés      Muy frecuentemente el camino hacia la fe cristiana pasa por sufrimientos, que actúan a manera de intensificación del lado oscuro de la vida humana. Así, las historias de conversiones procedentes del Islam nacidas a raíz de experiencias traumáticas provocadas por la violencia fundamentalista. Pero otras veces el camino de la fe, aunque nunca faltan momentos de duda y de preguntas acuciantes, es un proceso de luz progresiva, sin tragedias mayores ni sobresaltos.

Fátima era una musulmana que había heredado una fe profunda y sincera. Fue educada en el Islam con criterios claramente equilibrados y sensatos, dando posibilidad a una integración social y cultural fácil en Francia, donde su familia había emigrado. Cursó la enseñanza obligatoria en un liceo estatal, donde por un cauce u otro tuvo conocimiento de la figura de Jesús. Algo sabía de Él, pues el Corán  lo considera como un profeta. Pero de hecho las noticias que le llegaban, sobre todo a través de la lectura directa de los Evangelios, iban más allá de lo que significaba un mero profeta, como tantos otros que había habido en la historia de Israel. Le impactaban su sabiduría, su doctrina, su fuerza compasiva y su poder para hacer milagros en favor de la humanidad sufriente. Pero lo que le parecía desconcertante y hasta inaceptable era su propio sufrimiento, es decir, la Cruz. ¿Cómo es posible que quien se tiene por el Hijo de Dios acabe en tal fracaso? ¿Por qué razón puede el Padre Dios permitir que su hijo sufra de tal manera?

Pasan los años y no deja de inquietarse por “el gran personaje” que ve en Jesús. Un hecho importante interviene en su búsqueda: se enamora de un joven italiano, que es católico, aunque vive su fe de una manera más bien formalista, practicando, pero sin demasiada profundidad, es decir como fe heredada i mínimamente personalizada. Se casan civilmente y por razones profesionales se trasladan a vivir a Italia. Ella hace partícipe a su marido de sus inquietudes e interrogantes, pero él no es capaz de

responderle. Deciden hacer una experiencia original: ella estudiaría el Nuevo Testamento y él el Corán. El resultado fue que a él le sirvió para avanzar en la fe y a ella para ver más claro el secreto de Jesucristo. Algo realmente singular debió pasar en su  subconsciente, cuando tuvo tres sueños sucesivos con un mismo “argumento”: escenas de la vida normal, como cruzar un río o tocar unos animales, se transformaban en situaciones de sufrimiento, ansiedad y peligro, mientras se oía una voz que le invitaba a tomar con sus manos aquello que le provocaba terror; haciendo un esfuerzo obedecía, desaparecían los temores y sobrevenía la paz.

Aquello significó el preámbulo para el descubrimiento del sentido del sufrimiento de Cristo como sacrificio de amor por la humanidad. Todo se vio más claro con la preparación catecumenal que precedió al bautismo. Éste significó la muerte y resurrección del amor, que, como amor esponsal en el Espíritu, vino a ser bendecido en el sacramento del matrimonio, que celebraron posteriormente.

Una fe encontrada y una fe renovada. En todo caso, la Cruz de Jesús, lejos de ser escándalo, llegó a constituir la prueba del amor más perfecto.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
Acerca de Mons. Agustí Cortés Soriano 275 Artículos
Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.