Jornada de la Vida Consagrada

Mons. Juan José Asenjo      Queridos hermanos y hermanas: 

El próximo sábado, día 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, la Iglesia universal celebrará la Jornada de la Vida Consagrada, creada por Juan Pablo II en 1997 para visibilizar el aprecio de todo el Pueblo de Dios por este género de vida y por el signo extraordinario de la presencia amorosa de Dios en el mundo que son los consagrados, testigos de la esperanza y de la misericordia de Dios, testigos del amor más grande y anticipo y profecía de lo que será la vida futura. Nosotros celebraremos esta Jornada el domingo, día 3, con una solemne Eucaristía en la Catedral, en la que daremos gracias a Dios por la predilección del todo especial que el Señor ha tenido con nuestros hermanos consagrados al regalarles el don de la vocación, al llamarlos a su intimidad y al enviarlos como mensajeros y testigos. 

 Para la Archidiócesis de Sevilla es un privilegio y un don muy grande contar con la colaboración generosa más de 250 religiosos sacerdotes, muchos de los cuales colaboran en tareas parroquiales. Contamos también con el compromiso evangelizador de cerca de dos mil religiosas de vida activa, con un número crecido de miembros de institutos seculares y sociedades de vida apostólica y un pequeño número de vírgenes consagradas. Unos y otros trabajan con abnegación en la escuela católica, en la pastoral de la salud, en la cárcel, en la catequesis o en el servicio a los pobres, conscientes de que el Señor se ha encarnado en cada hombre, especialmente en los más débiles, los marginados, los enfermos, los niños, los ancianos y los que sufren por cualquier causa. No olvido el gran don que supone para nuestra Iglesia diocesana la sola presencia y la oración constante de las cerca de 500 monjas contemplativas. Como he comentado en más de una ocasión, sin los consagrados nuestra Diócesis sería más pobre en iniciativas pastorales y evangelizadoras, su radio de acción sería más corto y, desde luego, no contaría con el testimonio profético y la santidad de tantos hermanos nuestros que nos enriquecen con su oración y con sus obras apostólicas. Lo reconozco con gozo y gratitud. 

 En la fiesta de la Presentación y ofrecimiento del Señor al Padre celestial, fiesta del encuentro de Dios con su pueblo, representado por los ancianos Simeón y Ana, os convoco a todos, queridos consagrados, a renovar vuestro ofrecimiento y consagración al Señor que se fraguó el día de vuestra profesión religiosa y que debéis seguir  alimentando creciendo cada día en vida interior. La acción y la contemplación no son dos realidades antitéticas sino complementarias. Todos, y no sólo las monjas de clausura, necesitamos del silencio, de la oración prolongada a los pies del Señor, de la contemplación y la escucha de Aquel que es el supremo valor en nuestra vida, el «Dios siempre mayor», el único que merece nuestra alabanza, nuestra reverencia, nuestro servicio, nuestro seguimiento incondicional y la entrega de nuestra afectividad y de nuestra vida entera.  

Vuestro encuentro con el Señor, en el que os sentisteis seducidos, conquistados y ganados por Él y os decidisteis a seguirle y ofrendarle la vida, se renueva y rejuvenece cada día en la oración, que es al mismo tiempo un verdadero manantial de ardor apostólico. En la Presentación de Jesús en el templo, después de encontrar y contemplar al Señor, Simeón y Ana glorifican a Dios y hablan del Niño a todos los que esperan la salvación de Israel. Quienes hemos recibido la gracia inmensa de ser llamados por el Señor, hemos recibido también la misión de anunciarlo y entregarlo a nuestros hermanos como mensajeros de la salvación y testigos de la esperanza y del amor de Dios. Os lo recordaba el Papa Benedicto XVI en un encuentro con los consagrados de la Diócesis de Roma en el primer año de su pontificado: «Desde sus orígenes la vida consagrada se ha caracterizado por su sed de Dios… Que vuestro primer y supremo anhelo sea, por tanto, testimoniar que Dios tiene que ser escuchado y amado con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, antes que cualquier otra persona o cosa. No tengáis miedo de presentaros, incluso visiblemente, como personas consagradas, y tratad por todos los medios de manifestar vuestra pertenencia a Cristo, el tesoro escondido por el que habéis dejado todo. Asumid el conocido lema programático de San Benito: No antepongáis absolutamente nada al amor de Cristo». 

 En la fiesta de su presentación, el Señor se nos muestra como «la luz que ilumina a las naciones». Que María, la Virgen fiel y madre de los consagrados, nos ayude a todos a ser portadores de luz, luminarias vivientes con nuestras obras, con  nuestras vidas, en nuestros empeños pastorales y en medio de nuestras comunidades. 

Para todos vosotros, queridos consagrados, y para todos los fieles que leen cada semana esta carta, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

 Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
Acerca de Mons. Juan José Asenjo 306 Artículos
Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".