Semana de oración por la unidad de los cristianos

Mons. Ciriaco Benavente       Entre el 18 y el 25 de enero celebramos, todos los años, el Octavario por la Unión de los Cristianos.

Ocho días para que en nuestras comunidades cristianas tomemos conciencia del drama que supone la ruptura entre las diversas iglesias y comunidades eclesiales cristianas. Si la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, la desunión tendría que dolernos tanto como ver descoyuntado el cuerpo de Cristo.

Ocho días para acrecentar el amor entre los cristianos de las distintas confesiones, para sentirnos hermanos de todos, partícipes y prolongadores de la misma misión. Sólo los prejuicios nos impiden ver que es infinitamente más lo que nos une que lo que nos separa.

Ocho días para orar intensamente, pidiendo al Padre Dios, con el ardor con que lo hizo Jesús en las horas anteriores a su muerte, el don de la unidad. La grieta de la división fue haciéndose tan profunda a lo largo de los siglos que sólo la acción del Espíritu Santo podrá lograr que superemos prejuicios y desconfianzas por una y otra parte.

La unidad es condición para la credibilidad del mensaje cristiano. Unidos, podremos dar a este mundo el gran signo de Pentecostés en un momento en que se presenta tan problemática la convivencia entre personas de distintas razas, lenguas y culturas. Unidos, podremos ofrecer más eficazmente a la humanidad del tercer milenio los valores espirituales y transcendentes que necesita para lograr una sociedad digna del hombre.

El pasado 11 de octubre tuvo lugar la apertura del Año de la fe, que ha de tener una clara vertiente ecuménica. Es, como nos dicen los obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Inter-confesionales, una buena ocasión para retomar los documentos del concilio Vaticano II, especialmente los que han sido tan importantes para el ecumenismo y el diálogo interreligioso, que “no pierden su valor ni esplendor”.

 Que ninguna parroquia se quede sin celebrar el Octavario, enriqueciéndolo, si es posible, con algún encuentro ecuménico de oración. Hagamos ecumenismo con la oración y con la vida.

+  Ciriaco Benavente Mateo

Obispo de Albacete

Mons. Ciriaco Benavente Mateos
Acerca de Mons. Ciriaco Benavente Mateos 200 Artículos
Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos nació el 3 de enero de 1943 en Malpartida de Plasencia, provincia de Cáceres y diócesis de Plasencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Plasencia y fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1966. Es Graduado Social por la Universidad de Salamanca (1971). Comenzó su ministerio sacerdotal en el pueblo salmantino de Béjar, donde fue coadjutor, de 1966 a 1972, y luego párroco, de 1973 a 1979, de la Parroquia de San Juan Bautista. Desde 1979 a 1982 fue Rector del Seminario de Plasencia y Delegado Diocesano del Clero entre 1982 y 1990. Este último año fue nombrado Vicario General de la diócesis, cargo que desempeñó hasta su nombramiento episcopal. El 22 de marzo de 1992 fue ordenado Obispo en Coria. Obispo de la diócesis de Coria-Cáceres hasta diciembre de 2006. En la Conferencia Episcopal Española ha sido Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones desde 1999 hasta 2005. En la Conferencia Episcopal Española en la actualidad es miembro de las Comisiones Episcopales de Migraciones y de Pastoral Social. Con fecha 16 de octubre de 2006 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Albacete, tomando posesión de la sede el día 16 de diciembre de 2006.