Realidad y horizonte de la emigración

Mons. Francisco Gil Hellín      Los flujos migratorios son “un fenómeno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional”. Estas palabras del Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Migraciones del año 2013, son una llamada a los cristianos y, más en concreto, a los de España.

En efecto, el año 2012 vivían en España 5,7 millones de extranjeros, lo cual representaba el 12% de la población; si se incluyen los que ya se han nacionalizado, la cifra se eleva a 6,7 millones y al 14%. Sin ser los causantes de la crisis económica y moral que nos afecta, son “las primeras víctimas de la misma”, como señalamos los Obispos Españoles en el Mensaje para la Jornada del Emigrante, que celebramos el próximo 20 de enero. De hecho, la tasa de paro de los emigrantes es del 35%, la cual ha motivado que no pocos hayan tenido que volver a sus países, con la consiguiente frustración y, en ocasiones, con importantes gravámenes económicos.

La Iglesia que peregrina en España, pastores y fieles, lejos de vivir de espaldas a esta realidad, está mostrando una gran sensibilidad y solidaridad hacia los emigrantes. Como decimos los Obispos en el citado Mensaje, “asombra, a pesar de la escasez de medios y recursos, la multitud de iniciativas eclesiales, algunas admirables, que se realizan en nuestra Iglesia a favor de los inmigrantes”. Pero esto no puede ser una excusa sino una fuerte llamada a seguir trabajando y ampliando nuestro radio de acción.

Entre las acciones más urgentes y necesarias cabe señalar éstas: la defensa de los derechos de las personas migrantes, la promoción de una cultura hospitalaria, la integración, la superación del asistencialismo, la formación y, por supuesto, la creación de puestos de trabajo. Así mismo, es importante apelar al sentido de responsabilidad política y social de las autoridades para que -como señalamos los Obispos- “los costes de la crisis no recaigan sobre los inmigrantes, arbitrando más bien las medidas necesarias para que reciban las ayudas sociales oportunas”.

Por otra parte, ante el aumento de los casos en que es necesario cubrir las necesidades más elementales: comida, vestido, salud y vivienda, es muy oportuno recuperar la colecta que antes se hacía con motivo de la Jornada, y así potenciar la ayuda pastoral a favor de los inmigrantes. En este sentido animo a los sacerdotes, especialmente a los de las parroquias grandes, a realizar esta colecta y ponerla al servicio de Cáritas para que atienda los casos más graves y urgentes, primando a las familias.  

Con todo, la ayuda material y humana que hemos de prestar a los inmigrantes no puede hacernos olvidar que hemos de anunciarles el evangelio. Como decimos los obispos en el Mensaje para la Jornada de las Migraciones, “se dice que la Iglesia evangelizando promociona y promocionando evangeliza. Es verdad. No es bueno separar ambas dimensiones, pero tampoco es bueno confundirlas. En la Iglesia todo o casi todo es pastoral”, pero “la dimensión más netamente pastoral, es el servicio a la fe”. Por eso, no sólo hay que preocuparse de “los servicios que brotan de la fe” sino del “servicio a la fe”.

¡Ojalá que “los hermanos bautizados en la Iglesia Católica, venidos de otros países, puedan encontrar en nuestras parroquias su propia casa”!, y que ellos y nosotros seamos conscientes de “que lo mejor que nuestra Iglesia puede ofrecer a nuestros hermanos los hombres no son ni siquiera sus obras sociales sino a nuestro Señor Jesucristo; con Él todo lo demás viene por añadidura” (Mensaje de los Obispos de España para el Día de las Migraciones 2013).

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos
Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975.CARGOS PASTORALESEjerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996.Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997).Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002.Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces.El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.